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LA RESPUESTA ESTÁ EN EL VIENTO (Bob Dylan)

¿Cuántas orejas debe tener un hombre, antes de poder oír a la gente llorar?. Utilizo un poema de Bob Dylan con la humilde intención de posicionarme a favor de un merecido Nobel de literatura, además de utilizarlo como leitmotiv. Asistimos a un cambio de modelo social en lo político, en lo ideológico y en lo cultural, que ha generado una desafección de la cultura con la ciudadanía, que también se da para la política y la democracia, y no es tanto por una falta de aprecio a la cultura, sino por lo que significa este cambio de modelo.

Bob Dylan_Esteban VillarrochaLa cultura hoy se concibe como tiempo de ocio, consumo y entretenimiento. Algo chirría en el engranaje cultural fruto de las estructuras y planes de las políticas culturales vigentes. La actual situación por la que atraviesa la actividad cultural nos llena de desasosiego: disminución radical de los presupuestos públicos de apoyo, reducción de la demanda cultural e incremento de impuestos.

No podía estar mejor calculado por los que quieren acabar con una manera diferente de entender la cultura. Estamos obligados a preguntarnos sobre el papel de la cultura para tratar de buscar respuestas que nos permitan ver futuro. Oír las preguntas y elaborar respuestas fruto de una reflexión profunda y crítica, que no repita los discursos que ahondan en la crisis actual del sector. Es momento de repensar y analizar las carencias de las diferentes políticas culturales aplicadas erróneamente en estos años de zozobra constante y falso glamour.

Lamentablemente, tengo la certeza de que el único objetivo que persigue hoy la política es vertebrar estados de ánimo. Hace tiempo que la ideología sólo se concibe como un estado de ánimo. Los discursos intrascendentes se han convertido en el debate de las ideas. Las gentes dedicadas a lo cultural no debemos caer en esta simpleza intelectual, es nuestra obligación actualizar y prestigiar la curiosidad por saber, la atención, la fascinación por lo difícil y la admiración por el conocimiento. Esta es la labor de nuestro quehacer artístico, por eso debemos actuar desde el mundo de las ideas y no el de los estados de ánimo.

Para ofrecer, reivindicar y educar nuevos modelos de disfrute de lo cultural, hay que desterrar el anti-intelectualismo propio de sociedades embrutecidas, porque se contagia y se apodera del mejor instrumento de propaganda e intoxicación: las redes sociales.

La política cultural se ha convertido en algo residual de la economía, olvidándonos de crear indicadores que manifiesten su efectividad para poder evaluar su validez por parte de las instituciones. Ponerla en valor es revisar el concepto de industria creativa y repensar las instituciones que administran el acceso a la cultura, mejorando los sistemas de evaluación y elaborando políticas culturales a favor del común y la universalidad, tenemos que aplicar la transparencia como manera imprescindible de participación ciudadana. La cultura hoy se entiende y se concibe solamente como un espacio económico y no como un contexto de crítica, de experimentación, de conocimiento.

Esto es lo que debemos debatir: cómo, por qué y qué consecuencias tiene el hecho de que en los últimos años las administraciones públicas dejarán drásticamente de invertir en cultura, produciendo una fractura en el sistema democrático, porque las administraciones saben que la iniciativa privada no puede ni debe hacerse cargo de la misión democratizadora que tiene y debe tener la cultura, que requiere ineludiblemente del liderazgo de las políticas públicas para conseguir sus fines.

Este es el tema para elaborar cualquier plan estratégico. Equivocado es valorar más lo económico e industrial, olvidándonos de las señas de identidad de lo cultural, que no son otras que la diversidad, la igualdad de acceso y el apoyo a la creatividad y la participación social. Soy consciente que desde posiciones conservadoras se ve la cultura como un enemigo, no porque el quehacer cultural en sí mismo sea progresista, sino porque es una actividad creativa que moviliza la participación social y se resiste al pensamiento mercantilista regido por las leyes del mercado.

Son muchas las preguntas y tenemos pocas respuestas acertadas, pero para construir una verdadera política cultural se precisa del consenso, no solo con las administraciones, sino con los ciudadanos, verdaderos destinatarios de nuestras obras. La actividad cultural no debe ser como un canto rodado.

Encontrar las respuestas, que seguramente siguen en el viento. Salud Dylan.

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