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ETICA, CULTURA, EDUCACIÓN

Recientemente leía un manifiesto en favor de la cultura que hacía hincapié en la necesidad de una transformación urgente de modos, principios y valores. Nuestra pobreza es de pan y trabajo es cierto pero también somos pobres culturalmente o quizá esta sea la causa de lo primero.

La reflexión, es que urge que la ética regrese a la esfera de las relaciones sociales y poder así acabar con la falta de veracidad y vergüenza, cualidades morales que teniéndolas llevan al cumplimiento de los propios deberes respecto al prójimo y a uno mismo. Creo en la necesidad de volver a disponer de una ética donde los hombres cuerdos, lo decía Salvador Giner, saben si hacen el bien, honran la palabra dada y creen posible una universalización de la ética conforme a todas las culturas: la Declaración de Derechos Humanos.

Debemos construir y proponer una alternativa al estado de cosas actual, conseguir un cambio en las estrategias y las tácticas de los movimientos sociales, no empeñarse en la conservación del modelo social que nos ha llevado al desastre.

Frente a la pretendida sociedad del bienestar, queremos vindicar una sociedad donde el bien común prime lo colectivo frente a lo individual, para acabar con el sálvese quien pueda. Necesitamos un cambio en favor de la construcción de unas nuevas maneras de entender el mundo y al ser humano.

Otros modelos de convivencia, de economía no basada en el lucro, con un sistema educativo fraterno, solidario e igualitario, necesitamos plantear otros modelos de acceso y difusión de la cultura, universalizar las libertades y crear un mundo mejor y sostenible: lo igualitario por colectivo, debe ser la bandera. Estos modelos se han pensado siempre y a lo largo de la historia, cuando se intuían, fueron eliminadas por dictaduras fascistas, populismos, totalitarismos comunistas y por democracias ficticias. ¿Estamos en las mismas circunstancias, la historia se repite?.

Una vez más, tenemos que poner en valor la democracia representativa. Los partidos tradicionales, son de hecho y en su praxis, movimientos conservadores, buscan con sus planteamientos conservar derechos a través de la resistencia o aceptación de los recortes, cuando lo verdaderamente necesario es ser proactivo en la transformación de una sociedad donde esos derechos se puedan no sólo mantener sino expandir.

Construir una nueva manera de entender la participación y la democracia; esta en juego el concepto de soberanía popular, hoy el ciudadano solamente es delegatario del poder. Asumir, de una vez, que tenemos que ir a un aumento de libertades para conseguir una mayor igualdad en lo económico y en lo social, frente a la mayor desigualdad y menor libertad que nos ofrece el pensamiento del modelo actual que solamente produce incertidumbre y angustia, en beneficio de pocos. Si solamente seguimos queriendo mantener el estado de cosas anterior, provocamos un estado de malestar. La única posibilidad es recuperar la verdad y la vergüenza, para avanzar y conquistar el consenso social, y en esto, es esencial La Educación y La Escuela.

La ruptura de la cohesión social ha provocado que los sectores de la población más vulnerables sean quienes más están sufriendo los recortes y esto se percibe en las escuelas. Es aquí donde tenemos que actuar para facilitar el acceso igualitario a las mismas. La Educación es el arranque esencial y ejemplar para aprender a razonar.

Lo que nos estamos jugando en la escuela no es un problema de que salgan más o menos eruditos, sino que salgan personas más libres, estas serán las que tienen que cambiar el rumbo y cambiar el modelo de convivencia. No necesitamos superdotados, necesitamos ciudadanos, en el sentido jacobino del término, incorruptibles e insobornables.

La Educación tiene como objetivo contribuir a la formación integral de la persona. crear una conciencia como individuo y no perder la capacidad de reflexión y de crítica. Recuperar una ética interior que conlleva el sentimiento de culpa, el arrepentimiento y la posibilidad de reparación. Decía Victoria Camps que hay que conseguir forjar de nuevo un carácter ciudadano.

Si ves racionalmente una injusticia, pero no la sientes, no sirve de nada y los derechos humanos se convierten en algo vacuo y, aunque no los rechaces, en la práctica no se respetan porque no son sentidos como una obligación por los que hay que luchar. Hoy asistimos a un nuevo cambio en el sistema educativo, a un deterioro y vulgarización del entretenimiento, a un retroceso de derechos y a un aumento de la desigualdad. Hoy es cuando debemos luchar en favor de una ética que impregne de sentido común las relaciones sociales, debemos concebir otro modelo que amplié y universalice los derechos humanos, y que estos, no estén condicionados por los vaivenes egoístas de los inmorales especuladores del bienestar.

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