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LOS HOMBRES HUECOS

Los insensibles poderosos, T. S. Eliot los llamó hombres huecos en uno de sus poemas, miran pero no ven, son mezquinos y solo ven la realidad como representación de lo que ellos quieren, los hombres huecos crean con su poder la situación adecuada para maniobrar en beneficio de su interés personal, que sabemos nunca será el interés general; con perfecta frialdad, carentes de conciencia, crean situaciones marcadas por la crueldad. Admiten las mentiras con naturalidad.

Son la práctica continua de la banalidad del mal. Actualmente es el sentir de los hombres huecos lo que se hace norma, ellos no tienen discurso, solamente generan culpabilidad, su único discurso ha fabricado una realidad supuesta y pretendidamente ineludible. Somos los demás los que sabemos que la realidad no es solamente lo que supuestamente pasa, la realidad no son las arbitrariedades de lo que los hombres huecos llaman éxito. Los hombres huecos son fanáticos, y su fanatismo nos acerca a la maldad del destino marcado por la obsesión que los mueve: acumular, generar diferencias, defender la propiedad y la herencia como dogma.

Para ellos todo se resume y se reduce al beneficio individual, las incidencias de la vida no cuentan, los usos del saber no se contemplan, se eluden los problemas y se tacha de imposible lo deseado por la mayoría. Solo cuenta el destino final de su alma hueca. Los hombres huecos saben que la lucidez puede convertirse en un arma peligrosa. Los hombres huecos son los que piensan que solo existe lo que se puede agarrar con las manos, por eso no sienten, ni piensan en lo común, solo son ellos y su verdad.

Los demás, sabemos que lo que podemos conquistar se paga con sacrificios injustos, es la historia, los demás, sabemos mucho de la cultura de la resistencia: Leemos, observamos, sentimos y se nos desata un violento sentimiento de libertad que nos debe llevar a reflexionar, discutir, escuchar, contrastar y por fin actuar. Actuemos. Estamos molestos y enfadados, los hombres huecos nos hacen impertinentes, nuestras sensaciones para ellos son arrebatos que nadie debería ni imaginar, ni compartir, esta vorágine de la decadencia en la que vivimos nos hace en ocasiones desistir, ignorar a los hombres huecos; estos, permanecen en observadora imparcialidad, ya no les interesa lo que ocurre alrededor, sino lo que les ocurre a ellos, se niegan a escuchar y continúan con un plan macabro, rechazando discutir las bases del acuerdo social necesario para convivir.

Es cierto que conocemos los riesgos del activismo, que siempre podemos equivocarnos, por eso, se hace imprescindible frenar a los hombres huecos que no se equivocan nunca, porque su estrategia es esperar y esperar para que no lleguemos a la acción. Hay que volver a intervenir, dejar el mapa de desafectos en casa y empezar de nuevo a construir el pensamiento. Debemos hacer testimonio indeleble de honradez, sin eludir la responsabilidad del que piensa y actúa, hay que volver a ser deslenguados y ansiosos para relatar la realidad que vemos y vivimos.

Los ciudadanos debemos volver a reivindicar el conocimiento y hacer del activismo frente a los hombres huecos norma de existencia. Conocemos quienes son los hombres huecos y sabemos que podemos desmontar su realidad, ellos inventaron el marketing para acabar con la democracia; lo nuevo, lo que esta por venir, les da miedo. Los ciudadanos sabemos que el conocimiento es un acto creativo que siempre da origen a algo nuevo, a algo que aún no tiene nombre. Los hombres huecos han convertido la humanidad en un espectáculo de sí misma, su auto alimentación les permite vivir su ordenada acumulación como goce estético.

Pero no debemos aceptar las cosas como nos son dadas, no debemos permitir las mentiras de los hombres huecos ante el aumento de la desigualdad. Por que no da igual. Es momento, que a los que nos perturba conocer más, a los que con observadora inquietud empleamos los utensilios del deseo para volver a clasificar lo imposible como lo deseado, pasemos a la acción. Es el momento de hacer sitio al bien común, para sumergirnos en un apasionado viaje hacia un mundo basado en el aprendizaje, el estudio, la transmisión de conocimiento y de valores, la retórica, la discusión, el intercambio…, un mundo sin hombres huecos. Sin fanáticos.

Como dice Hamlet: El mundo esta fuera de quicio… ¡Suerte maldita¡. Que haya tenido que nacer yo para enderezarlo. Sabemos que la acción es costosa y dolorosa, pero nunca es imposible, son tiempos para volver a actuar, para parar y cambiar el miedo de bando. Es tiempo de volver a reconocernos en la utilidad de lo inútil. Bienvenidos al caos porque el orden conocido ha fracasado.

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