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OCIO, CULTURA Y ESCUELA

Los niños y las niñas son la pieza fundamental de una sociedad de ciudadanos libres, son el sector donde hay que desarrollar políticas consecuentes que permitan combinar el ocio, la cultura y la educación y conseguir una sociedad donde el ocio y la práctica cultural se adquiera y se enseñe en la escuela.

La ocupación del tiempo de ocio en actividades que desarrollan el pensamiento contribuye a crear personas, y estas nos obligan a desarrollar y poner en marcha lugares abiertos a la creatividad y al desarrollo artístico y cultural (teatros, bibliotecas, cines, salas de exposiciones, salas de conciertos, etc.). Hoy, más que nunca, la escuela debe contribuir a la búsqueda de una ocupación del tiempo de ocio diferente, ayudar a desarrollar un ocio inteligente, entendiendo el ocio como una experiencia integral de la persona y un derecho humano fundamental: el homo ludens.

La ocupación del tiempo de ocio es una experiencia humana compleja, fruto de actuaciones libres. El ocio es un derecho y nadie debería ser privado del mismo por razones de género, edad, raza, religión, creencia, orientación sexual, nivel de salud, discapacidad o condición económica. El tiempo de ocio incluye el derecho al aburrimiento y, aunque parecen ocupaciones contrarias, aburrimiento y ocio son compatibles, y ambos necesarios. El aburrimiento es el lugar donde nace la imaginación. Aburrimiento y ejercicio de la imaginación también se adquieren y enseñan en la escuela.

Recientemente, al presentar su libro, “La utilidad de lo inútil”, el profesor Nuccio Ordine cargaba contra la dictadura del provecho, el utilitarismo de la educación y el poco interés de la política por los bienes del espíritu. El homo faber (hombre que hace o fábrica) frente al homo ludens (hombre que juega).

Quienes consideramos que la educación no es la simple adquisición de conocimientos, quienes estimamos que conocimientos, competencias y valores han de ir juntos, sabemos que el teatro, la poesía, la novela, la filosofía, la historia, la danza, la pintura, la música y otros saberes que parecen inútiles, constituyen formas de resistencia a los egoísmos del presente, son el antídoto contra la barbarie de lo útil, que como dice el profesor Ordine, ha llegado incluso a corromper nuestras relaciones sociales y nuestros afectos más íntimos. La educación también debe ocupar un lugar en el tiempo de ocio y alimentar y crear la personalidad de los educandos.

La equivocada política educativa actual anula la importancia de la educación humanística. Asistimos al desmantelamiento de nuestra educación pública por una reforma que se opone frontalmente a los criterios científicos y de justicia social vigentes en el campo de la educación. Se pretende un sistema educativo que lo único que busca es crear una gigantesca agencia de formación y selección de personal para satisfacer las necesidades de la economía especulativa, ¿lo útil?. Queremos sustituir la sociedad del Bienestar por la del estar sin pensar. Ante todo esto, ¿dónde queda el ocio del homo ludens?, ¿qué lugar debe ocupar la escuela en la sociedad actual y cuáles son los objetivos generales de la educación?, ¿cómo responder a la pregunta sobre qué es lo útil y lo inútil en el aprendizaje? ¿Qué relación existe entre adquisición de conocimiento y el desasosiego que produce el saber?

Recientemente, le preguntaba a un niño ¿qué quería ser de mayor?, y contestaba, para mi perplejidad: ¡Quiero ser persona! Entendí que había recibido una educación en libertad. En su ingenuidad, sabía que lo más importante era ser persona, así podría ser lo que quisiera. Me dí cuenta que sí se puede hacer de otra manera.

Defender la práctica de las enseñanzas humanistas en el currículo escolar es la única posibilidad para conseguir una mejor ocupación de nuestro tiempo, esta defensa debe ser ejercida por ciudadanos libres que aspiran a cuidar su conducta y a ser artesanos de la dignidad de su propia vida, a construir la personalidad.

El ocio y la cultura, no deben convertirse en mero entretenimiento, deben poner en valor la escuela y a los educadores, deben ayudar a construir una sociedad que tenga como referentes a los sabios, únicos garantes del buen uso y práctica del conocimiento y del tiempo. Es el gozar, y no el poseer, lo que nos hace felices, decía Montaigne. Ocio y cultura son ocupaciones del tiempo necesario para construir un mundo donde el homo faber tenga sus necesidades básicas cubiertas para poder gozar en libertad como homo ludens.

La vida cultural siempre será una forma inútil de actividad, las gentes bien enseñadas emplean el ocio en lo inútil, porque en su goce obtienen mayor satisfacción de la que pueden conseguir de otro modo. La Escuela también debe contemplar la posibilidad de enseñar y practicar la utilidad de lo inútil, sin olvidarnos del tiempo para el aburrimiento.

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