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AÚN APRENDO

Goya, 'I am Still Learning' ('Aún aprendo') 1824-8.jpg

Aún aprendo, así titulada Goya uno de sus grabados y nunca mejor expresado, siempre estamos aprendiendo, y el que deja de hacerlo, malo. Pero esta referencia a Goya me viene porque llevo un tiempo perplejo, leo la prensa escrita y las nuevas fuentes de entretenimiento e información, oigo las tertulias, consulto las declaraciones de nuestros representantes, leo a los pensadores contemporáneos y mi asombro y perplejidad aumenta.

El nuevo término: La post-verdad (posverdad), se ha instalado de una manera inequívoca en el discurso oficial.La post-verdad es el término de moda que invade todas las conversaciones y que no es más que la vulgarización del espacio público, la oficialización de la mentira que se consolida gracias a la comunicación que vivimos como entretenimiento. Lo falso es el único discurso posible; los hechos objetivos influyen cada vez menos en la formación de la opinión pública, son los llamamientos a la emoción, a la creencia personal y a la superstición lo que determina la post-verdad. La sociedad del espectáculo ha creado una especie nueva de ideólogos, los formadores de opinión, que son los voceras de la verdad: políticos, periodistas, sociólogos, lobistas, artistas, empresarios y gentes de distintos pelajes que habitan en el mundo digital sin pudor, ni ética ninguna. La gente sigue todo esto como un entretenimiento, algo realmente desolador.

Pero me pregunto si esto ocurre porque hemos cambiado las artes y las humanidades por la distracción ociosa y el culto a la ignorancia, y como consecuencia nos hemos vuelto vacíos y banales, u ocurre porque hemos perdido el legado de las ideologías progresistas, o por ambas cosas. Hemos acabado haciendo de la realidad una ficción que genera grandes incertidumbres y una enorme preocupación por un futuro que para muchos ya no es posible. La cultura se convierte en mercancía y pierde el verdadero sentido de su quehacer.

Afortunadamente, creo que aún aprendo, y cada día estoy más convencido de que el aprendizaje lento y constante me conduce a entenderme mejor y a entender mejor el mundo, porque como dice Emilio Lledó: “el ser humano es lo que la educación hace de él. Aún aprendo y esto me permite intervenir desde la agitación cultural en un modesto intento por enderezar el rumbo hacia una sociedad mejor contribuyendo a recuperar el espacio público.

Aún aprendo y eso me rearma emocionalmente, como dice Shakespeare: “la locura acierta a veces cuando el juicio y la cordura no dan sus frutos”. El problema es que, esta vez, la locura se ha adueñado de la post-verdad y el juicio y la cordura son palabras rotas que han desaparecido del discurso. Si antes la locura era pasión por conocer, inquietud por aprender, y acertaba las más de las veces, ahora la locura se ha instalado en el falso debate donde las ideologías no son el sustento de la narrativa política, se han quedado en el recuerda.

Las ilusiones depositadas por millones de seres humanos en un cambio que trajera una sociedad más justa, más igualitaria, más libre, eran una reivindicación constante que partía de la voz de los de abajo, los que lucharon en favor de disminuir la distancia social y conseguir el acceso y disfrute universal a la educación y a la cultura; para ellos era el primer paso para la conquista de la felicidad, único objetivo posible, no anhelaban ni la propiedad, ni el poder, ni la posesión desmedida, ni el reconocimiento social que se alentaba desde el poder. Este es hoy el legado a reivindicar y su bandera no es otra que conseguir reducir las desigualdades sociales. Otra vez volver a empezar.

Aún aprendo, por eso creo en el legado de las ideologías revolucionarias del siglo XIX y XX, que en la segunda mitad del siglo pasado marcaban el rumbo a seguir para alcanzar la felicidad. Este legado se ha roto por la banalización de la cultura, la falta de memoria y la perversión, que los mal llamados servidores públicos han hecho del discurso ideológico al que se debían, convirtiéndolo en una entelequia; el ágora está llena de palabras rotas que han perdido su significado en la post-verdad, palabras que justifican la corrupción, el mal gobierno, la banalización de lo sentimientos, la ignorancia, la exhibición de la privacidad, la mediocridad, el vacío intelectual.

Lo único que nos queda es el goce y el disfrute de la cultura, este es el aún aprendo de hoy, goce que nos permite mantener un discurso y una narrativa que recoge el legado olvidado de los movimientos sociales del siglo XIX y XX. No hay preguntas nuevas, todo está inventado, en las respuestas se aprende. Sin ese legado ideológico difícilmente construiremos un futuro mejor, todavía hay tiempo.

Como viene siendo habitual, término recomendando a Slavoj Zizek, sus análisis de lo real, lo simbólico y lo imaginario me ha permitido constatar que aún aprendo. Os recomiendo la lectura de “El sublime objeto de la ideología”. Por cierto Reading is sexy.

"El sublime objeto de la ideología" de Slavoj Žižek

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