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50 Aniversario del Mayo del 68

CONTROVERSIAS: Interdit d’interdire

Esteban Villarrocha
Esteban Villarrocha

Prohibido Prohibir 50 años después

Soy hijo del Mayo francés del 68, quiero decir que me considero heredero sin serlo, pero me permito, con la perspectiva del tiempo, animar el debate sobre aquella excitación primaveral, esos momentos de alborozo en lo que todo parecía posible. ¿A quien no le hubiera gustado rehacer el mundo y acabar con la vieja moral burguesa?. Aquel torrente de discursos anárquicos y contradictorios acabo convirtiéndose en un mito, en la representación de la protesta de una época, aunque quizás solamente asistimos a una revuelta romántica y utópica que hizo templar un poco los cimientos de la sociedad.

Algunos teóricos que vivieron aquellos días en París creen que los acontecimientos vividos fueron más que una simple protesta, pero menos que una revolución, otros se preguntan si fue una fiebre estudiantil más que un movimiento social. En mis años de formación intelectual siempre consideré el mayo francés como el acontecimiento que me facilitó la crítica a la autoridad, de alguna manera marco mi formación y alimento mi discurso; aunque por otro lado, reforzó la aparición de los individualismos frente a las utopías igualitarias y socializantes. Lo cierto es que tras el 68, para muchos, la voluntad de emancipación colectiva quedo tocada. Como dijo Daniel Cohn-Bendit era un intento por conquistar nuestra propia vida, queremos vivir como lo concebimos.

El historiador Tony Judt analiza los famosos slogan de aquellos días y los define: como palabras con fines esencialmente privados. El filosofo Raymond Aron habla de carnaval y Pierre Bourdieu lo cataloga como un gran entretenimiento de orden simbólico. Edgar Morin, testigo de aquellos días, nos dice que Mayo del 68 abrió una brecha en la línea de flotación del orden social por la que se colaron valores, aspiraciones, ideas nuevas que querían trasformar nuestra civilización.

Todo son controversias

Lo cierto es que lo que sucedió esos días en París todavía hoy levanta un apasionado debate para defenderlo o denostarlo, para mitificarlo o olvidarlo. Pero como decía Jean Paul Sartre lo importante es que se haya producido… y si ocurrió una vez, puede volver a ocurrir. Mucho más apasionado, André Malraux insiste en ver Mayo del 68 como una verdadera crisis de la civilización. Eric Hobsbawm en su obra, Historia del siglo XX, considera que para los trabajadores fue sólo una oportunidad para descubrir el poder de negociación industrial que habían acumulado, sin darse cuenta, en los 20 años anteriores.

Tras el mayo francés, no hay duda, se lograron avances reivindicativos en el plano social: la liberación de la mujer en el mundo desarrollado, el protagonismo creciente de la sociedad civil en política, la consolidación de los derechos sindicales y quizás la domesticación de los sindicatos, y un cambio en las actitudes morales de la sociedad burguesa.

Los hijos putativos de aquel acontecimiento hemos quedado atrapados en la mitología, entre la herencia recibida y la controversia ideológica, muchas veces asistimos perplejos a los posicionamientos políticos de los efímeros lideres de la revuelta. Cohn Bendit, Goupil, Glucksman, Bruckner, Bernard Henri Lévy, Geismar, Finkielkraut, en su constante acercamiento al poder del capitalismo más feroz, y aunque es razonable cambiar de parecer, no deja de sorprender sus posicionamientos aleatorios. Independientemente de todo lo que se puede decir a favor y en contra, el tiempo ha matizado los ardores, pero lo que es innegable es el impacto que ha dejado en nuestro pensamiento ético y moral.

Quizás uno los últimos coletazos del mayo francés fue el debate surgido en la Campaña electoral de 2007 para la presidencia de Francia. Sarkozy en su discurso de fin de campaña liquidaba los logros de mayo del 68 convirtiendo la revuelta en el comienzo de los males de Francia; frente a Segolene Royal defendiendo el legado del sesentayocho y sus logros sociales y culturales. Dos modelos enfrentados en ideas y en formas de gobernar que hoy son cada día más evidentes.

Cohn Bendit , convertido en Dany el verde decía en 2008: Olvidar el 68. ¡El 68 se acabó! Esto no quiere decir que este pasado está muerto, está debajo de cuarenta toneladas de adoquines que, desde entonces, han labrado y cambiado el mundo. El 68 fue el primer movimiento global difundido en tiempo real [...] Era un mundo de revueltas, diferentes pero conectadas [...] contra el autoritarismo y la moral del comunismo. [...] Hoy en día, ¿qué hay que recordar de ello? En primer lugar, lo que cambió nuestras sociedades, lo que permitió una evolución extraordinaria.

Socialmente y culturalmente, ganamos.

Aquel Mayo francés convivía con la reivindicación hedonista de los hippies americanos y participó de las protestas contra la guerra de Vietnam que se realizaban en todo el mundo, pero aquellas bien intencionadas proclamas terminaron ese mismo año; los tanques del pacto de Varsovia entraban en Praga en Agosto terminando con la primavera Checoslovaca, en Octubre los estudiantes mexicanos eran masacrados en la Plaza de Las tres culturas. En 1973 Solzhenitsyn podía dar a conocer en su Archipiélago Gulag la crónica del sistema de represión en la URSS. La moral comunista quedaba al descubierto.

Hoy, de aquellos días, nos queda el debate ideológico y el tan utilizado prohibido prohibir y seguimos soñando con ver la playa debajo del asfalto.

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