Saltar al contenido

COMO NOS MIRAN LOS TÍTERES Por una nueva poética para el títere.

Intentar averiguar como nos miran los títeres en este siglo es, en mi opinión, poner en cuestión, en forma de dialogo abierto, la enorme tarea realiza en los últimos cincuenta años en favor de la construcción y dignificación de nuestro oficio. Para empezar tengo que decir que evocar y descubrir la mirada de un objeto que cobra vida gracias a su manipulador/a y tratar de contribuir a descifrar la complejidad de las cosas que encierran los espectáculos de títeres, es un ejercicio puramente intelectual, pero responde al quehacer de una trayectoria que gira en torno a los títeres y al teatro para niños y niñas. Placer intelectual y experiencia compartida fuera de los escenarios, en los otros oficios del teatro.

La práctica, el uso del oficio, la praxis es lo que pretendo analizar y teorizar, lo escrito es fruto de lo expuesto y visto en los escenarios, y si bien es verdad, que allí es donde el oficio adquiere, algunas veces, su grandeza; estas aportaciones que presento para su lectura y análisis son fruto de la observación y no pretende ser verdad absoluta, son deliberaciones enunciadas y expuestas al debate, al disenso y a la discusión dialéctica para intentar una mejora de los espectáculos con y de títeres, que genere la voluntad de construir una nueva poética del arte titeril.

Los títeres son un género basado en el desdoblamiento, el yo manipulador que deja paso al yo representado por el títere. Esto pone en cuestión o/y reafirma, al gusto de cada lector, el principio de identidad en la representación teatral. Esta es una de las grandezas del género: el desdoblamiento y la cuestión de la identidad, son elementos fundamentales en la interpretación, y todos sabemos que el principio de Identidad expresa verdad, es fundamento del hecho teatral. Os recuerdo que en el Teatro, es el único sitio del mundo donde antes de entrar sabes que todo lo que va a ocurrir es mentira, aunque la pretensión de los creadores es que lo percibamos como verdad. La ficción trabaja con la verdad para construir un discurso que no pretende ser ni verdadero, ni falso. De alguna manera en el Teatro borramos la incertidumbre que siempre define la ficción. En el buen teatro de títeres sin duda también. Esto nos debería llevar a una reflexión sobre la literatura dramática para títeres y lo que significa la ficción y la verdad hoy, tanto para niños/as como para adultos.

Parecen sentencias filosófica dichas sin ton ni son, pero, en mi opinión, estas sentencias nos permiten agudizar y activar el pensamiento, y son aportaciones intelectuales que intentan clarificar los debates sobre el oficio y nuestro devenir en el mundo del títere y del espectáculo en este tiempo enloquecido. Tratamos de asumir la responsabilidad del artista-artesano que mira, observa y nos obliga a mirar, a mirarnos, a mirarse. Hablemos del como nos miran los títeres que es en definitiva como afrontamos el futuro más cercano para el devenir de nuestro oficio.

El desdoblamiento y la mirada del otro. La complejidad del que nos mira y del que mira. Como decía Bekeley ser es ser percibido. Estos son elementos a tener en cuenta a la hora de las puestas en escena con y de títeres. Como nos miran los títeres hoy, me pregunto y pregunto a la vez. ¿Alguien lo sabe con seguridad?. Lo que si sé, es que el tema de la mirada no es casual y supone una de las grandes oportunidades del género. ¿Dos miradas, tres puntos de vista, la empatía del que nos mira?. ¿Qué misión tiene el títere y su mirada en el transcurrir del espectáculo?.

Todos sabemos que el títere es una herramienta en manos del yo manipulador, que al utilizarla como un yo representado le imprime carácter, genera un desdoblamiento que fluye del titiritero al títere y viceversa, ambos miran, se relacionan se interpretan e interpelan. Nos miran, son mirados. Ese desdoblamiento se convierte en herramienta dramática y digo en herramienta no en excusa, porque este desdoblamiento es la verdadera esencia del teatro. La excusa tiende a convertir las acciones en meras recreaciones de virtuosismo hueco. El títere nunca será excusa y si lo hacemos excusa pierde su valor, se hace mero transmisor de contenidos, sin mirada deja de ser personaje, sin mirar deja de existir. Su mirada es la mirada de otro y a la vez la mirada de todos los que interpelan.

Manipulación o ejercicio dramático, oficio o espectáculo. La doble mirada del títere; el yo manipulador ó el yo títere. El artesano o el artista. Esta es una cuestión abierta donde encontramos desde posturas impregnadas de purismo existencial y ortodoxia, hasta los planteamientos de los heterodoxos que permiten abrir nuevas maneras de contar, mirar y desarrollar otras dramaturgias, y aunque ambas persiguen lo mismo, conmover y trascender con el representación, tienen concepciones intelectuales distintas, lo que comporta posicionamientos ideológicos distintos. ¿Quizás las dos maneras son necesarias para relanzar y afianzar el oficio?. Seguramente si, pero conducen a lugares distintos y responden a objetivos diversos y a usos del oficio diferentes.

El debate a estas alturas del texto, a algunos les parecerá vacío y sin sentido, pero de una forma u otra esta latente entre titiriteros/as y otras gentes de teatro. Es un debate eterno y las más de las veces visceral, normalmente falto de contenido intelectual en las argumentaciones que suelen ser expresiones estentóreas. Humildemente creo, y este escrito trata de eso, que es necesario aportar al debate pensamientos, ideas, filosofías, por lo menos para salir de la inercia a la que tienden las rutinas titiriteras en un intento por una parte de reafirmar y conservar el canon, de otra, evolucionar y transformar el canon. Necesitamos separarnos de las rutinas maniqueas que conservan el sentimiento romántico que algunos quieren eternizar para impedir construir una poética del títere más cercana a la actualidad del hecho teatral en el nuevo siglo.

El debate sobre la mirada y el devenir de los títeres nos debe ayudar a mejorar además de facilitar la creación, llevándola a la contemporaneidad y al futuro, sin desdecir del pasado y conociendo el presente que nos rodea. Construir una nueva poética.

La mitología romántica sobre el títere y los titiriteros, la conservo para la construcción ética del oficio y para la historia, aunque ya sabemos que la historia nos da a conocer los hechos que son, lo difícil de la historia es interpretar los hechos conocidos, surgen entonces la ideología, los intereses, los modelos y las escuelas de historiografía. En una palabra la diversidad.

Pero la estética del títere hoy precisa una poética diferente que tiene que adentrarse en otros recorridos del conocimiento. Lo que conocemos hoy como artes vivas deben adquirir un protagonismo importante en nuestro quehacer titeril. Integrar nuevos lenguajes, actualizar los viejos, acercarnos a estéticas diversas, actualizar las temáticas, favorecer la formación, etc.

Pero volvamos al tema de la mirada. Cualquier crítica, sabemos, esta construida en base a la refutación del canon, por eso cada vez que alguien intenta salirse de las reglas del canon, los ortodoxos canónigos generan un estado de opinión que pretende conservar las formas, la ortodoxia, la tradición; el canon es imprescindible para poder avanzar, transformar el canon es lo que hacemos desde la misma existencia del ser humano, por eso hay avances en la sociedad, por eso romper el canon en el devenir artístico de los títeres es fundamental para su progreso y consolidación artística, además de averiguar y definir donde esta la mirada hoy del yo manipulador y del yo representado. Romper con la poética anclada en el pasado y generar nuevas poéticas. Elegir el Teatro como disciplina con todo lo que esto implica o seguir en la marginalidad de un género relegado al olvido y la marginación.

No me refiero cuando hablo de marginalidad a la tan usada condena del género titeril al público infantil, Por otro lado, no debemos encontrar un hándicap en este hecho, con ello nos minusvaloramos y minusvaloramos a los niños y niñas, una de nuestras grandezas es encontrar la poética para el espectáculo que van a recibir no solo los niños y niñas. También los niños y niñas se merecen una nueva poética, quizás son los que mejor entienden la evolución que se precisa en el género.

En estos últimos años se ha desarrollado un quehacer a favor del oficio que ha consolidado, desde la precariedad vital, el oficio de titiritero y fijado un canon y una poética, pero ahora para seguir consolidando el género necesitamos teorizar y construir otra poética, que si anteriormente estaba a favor del oficio ahora estará a favor del espectáculo, una vez construido el oficio debemos pensar solamente en el hecho creativo, en el conjunto, en la totalidad. El debate que pretendo es el de oficio versus espectáculo, vanguardias versus tradiciones, títeres versus teatro. Estos serian los puntos de partida de un dialogo crítico hoy para construir un futuro mañana.

Algunos pensaran, ¡pero si es lo mismo!; eso he creído yo durante tiempo, pero no es lo mismo y me parece que algunos que se empeñan en exaltar el oficio como condición única del teatro de títeres, cometen un error que no beneficia al género. No es lo mismo el espectáculo que la ortodoxia de la manipulación canonizada, no es lo mismo utilizar las claves teatrales más actuales para contar historias, que utilizar el realismo popular, aunque sea realismo mágico, no es lo mismo entretener que educar que requiere otras dramaturgias, no es lo mismo hacer que consolidar, no es lo mismo introducir temas tabú que utilizarlos con maniqueísmos, no es lo mismo reflexionar que divertir, etc. Hay diferencias en el tono, el uso, el ritmo, el contenido y la estética. Aunque el oficio siempre este presente debemos dar paso a la alteridad, la capacidad de ser otro y distinto. Usar el oficio para hacer mejor teatro, sacando de cada creador sus posibilidades para que pueda recibir sus necesidades.

El oficio nos permite desarrollar el espectáculo y mantenerlo, dándole grandeza y poniendo los títeres en el panorama del Teatro sin adjetivos. Pero el oficio no solo es la interpretación con el objeto, es un conjunto que se desarrolla involucrando a todos y todas: la palabra, el gesto, la luz, las miradas, la música, la plástica, el orden, el ritmo, etc. es entonces cuando aparece el espectáculo. Hablo de espectáculo como obra de arte que trasciende, que conmueve, que cumple la misión fundamental para la que es concebida, que no es otra que ayudar a entendernos, indagar en los sentimientos y las emociones y facilitar un mundo mejor. Aquí se hace presente el títere como yo representado, con todas sus limitaciones y grandezas, con su mirada doble, hacia el manipulador que le alienta y al hacía el público que recibe el mensaje, con su historia y con una proyección de futuro que se une a su realidad como elemento plástico además de dramático, el títere se convierte en un arma cargada de futuro para la mejora del panorama teatral. Es elemento para la renovación de la poética del teatro.

Como construir un espectáculo con el oficio aprendido que se sustente en el escenario y que por otro lado conecte con una nueva poética. Exponer un espectáculo es ponerse, exhibirse y permitir ser juzgado, cualquier exposición obliga al que la mira y al que la realiza a juzgarla, y este es el dilema: A quien miro cuando construyo un espectáculo de títeres, cómo y donde esta la mirada. Qué elementos construyen la cosmogonía del género titeril. ¿Con que elementos juzgan los que ven espectáculos de títeres?.

Todos sabemos que para nuestra continuidad como artistas tenemos la necesidad de realizar historia bien construidas y bien contadas, historias que no son mero juego escénico sino que cuentan algo, ¿queremos decir algo con los títeres ó solamente manipularlos?, la necesidad de buena literatura dramática, de incorporar nuevos lenguajes, mirar con el yo manipulador o mirar con el yo representado ó con ambos. El títere es un elemento dramático en manos de un creador interprete que se desdobla que tiene la capacidad de contar a través de otro o en relación con otro que es ficción. El oficio ayuda a conseguir el fin pero no es un fin en sí mismo.

Recuerdo la obra de mi admirado Roberto Espina El tiranicida, una de las obras incluidas en su libro La República del caballo muerto. En ella nos advierte del desdoblamiento y nos plantea un paradigma: El títere mata al titiritero ó el titiritero mata al títere. Hermosa y poética discusión que entraña un posicionamiento existencial. Creo, con respeto, que desde ese posición radical se podría construir hoy la nueva poética del títere. ¿Quién mata a quién?. Si Harold Bloom hubiese leído a Roberto Espina, su libro El canon occidental tendría otro tono y la crítica literaria otra dimensión. Quizás exagere pero esta es la tarea de los polemistas.

Una nueva poética para los títeres que supere el tema de porque los títeres se han relegado en su mayoría al público infantil, en principio nada malo; una nueva poética que implica una nueva manera de concebir el títere, entrando en un debate freudiano: el ello, el yo y el superyó. Una nueva poética que entienda que la identidad es un recuerdo de nuestro origen. Una nueva poética que teorice sobre la mirada de los títere y su papel como elementos del drama. Una nueva poética que contemple el desdoblamiento como argumento dialéctico. Cuando recibimos la mirada del títere recibimos sensaciones y estas no son más que los datos que trasmiten los sentidos que hemos trasmitido desde el yo manipulador. El títere cobra humanidad, su mirada se hace real y convive con la mirada del titiritero. Recuerdo un tiempo donde el titiritero prefería y hacía bandera de su ocultamiento, no se hacía presente, se ocultaba y el títere era el único protagonista, de esto pasamos al extremo del titiritero demiurgo organizador, presente constantemente, un exceso innecesario, estar presente como excusa. La nueva poética precisa de una doble mirada que justifique al actor-manipulador.

En este sentido si los títeres miran sin desdeñar lo aprendido y no pueden olvidar que los modos de mirar afectan a la forma de interpretar lo visto, y sabemos que lo visto llega antes que las palabras, la mirada se convierte en protagonista, antes que la palabra, la mirada.

El niño/a mira e identifica el mundo antes de hablar, todos formamos parte de un mundo visible, que nos seduce, pero cuando miramos de que seducción hablamos. Además el títere después de ver, se da cuenta que también puede ser visto. La mirada de cada uno establece nuestro lugar en el mundo. El debate entre cómo uno ve las cosas (el titiritero) y como las ve el otro (el títere). ¿Usamos el ojo del otro?. ¿Cuál es la relación entre lo que miramos y lo que aprendemos y sabemos?, ¿Cómo y cuando aprendemos a mirar?. ¿Según como miramos la forma de interpretar se ve afectada?. La dialéctica es uno de los elementos de la mirada de los títeres.

Entrar en un mundo donde lo dialéctico es el fundamento del debate. Os recuerdo que la dialéctica es la retórica de dialogar y discutir para descubrir la verdad mediante la exposición y confrontación de razonamientos y argumentaciones contrarios entre sí. Se que soy pesado con los conceptos, pero cada día más los creo necesarios, manifiestan ideas que no pueden descontextualizarse y que articulan las bases de una nueva poética del arte titeril.

Títeres versus espectáculo, en principio es un enfrentamiento mal enfocado, equivocado, pero cuantas veces hemos presenciado títeres que hacían un mal servicio al teatro y al género. Necesitamos espectáculos que trasciendan el género para el que se concibieron pero a la vez lo ensalcen. Por encima del género esta la creación y el espectáculo.

Que difícil resulta reconocer que los títeres por si mismos no garantizan nada, que difícil es conseguir unir teoría y práctica. Al adquirir conocimiento ponemos la praxis a favor de la transformación de la realidad, y es en la puesta en escena donde surgen las preguntas, las respuestas y el dialogo, surgen las claves de la representación y surge el espectáculo. El Títere emplea las palabras y lo debe hacer como el carpintero trabaja la madera, las palabras son una palanca exterior para los muñecos.

En la fábula del panadero podemos encontrar las claves del debate (oficio versus espectáculo): Al cocerse el pan se producen grietas, y esos surcos que se abren parecen que no son del gusto del panadero, y sin embargo dan al pan un aspecto muy agradable y más apetitoso para el consumidor.

Frente al exhibicionismo de esta época actual que ha perdido por completo la noción de la intimidad, contraponemos la capacidad del títere de aceptar lo inaceptable y por lo tanto la capacidad de transgredir la realidad para reconciliarnos con otras realidades posibles, la capacidad del títere para favorecer el recogimiento y permitir el extrañamiento. Frente al exhibicionismo la extravagancia íntima del teatro de títeres.

Para terminar diré que a veces estos escritos son intentos de filósofos que en el fondo son como moscas en continuo aleteo, ósea y siendo menos sutil, los filósofos son moscas cojoneras. No pretendo esto pero puede que lo haya conseguido.

Algunos dirán que los titiriteros/as como Ulises son siempre diestro en recursos, pero son diestros en recursos solo aquellos que tienen sensibilidad y comprenden las cosas que suceden, los que ejercen el oficio para reconciliarse con la realidad cambiante, de un mundo que cada vez es más visible y que requiere para su transformación de nuevas poéticas.

El títere y el titiritero/a ejercen la libertad de ser libres, y más allá del exhibicionismo de una época que ha perdido por completo la noción de intimidad, vuelven a dialogar en el escenario en busca de una nueva poética, que reduzca las distancias entre títeres y titiriteros y entre ellos y los espectadores.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: