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VIVIR Y ESTAR EN MINORIA

Mi trayectoria profesional es un proceso de aprendizaje continuo, pero lo que realmente he aprendido en este tiempo es a vivir y estar en minoría. Un aprendizaje que me permite un cierto distanciamiento ante el exceso de activismo mesiánico pretendidamente mayoritario que vivimos en todos los aspectos de la vida. Vivir y estar en minoría se ha convertido en una aptitud ética y política, que me obliga a seguir persiguiendo las utopías igualitarias, postura que me reafirma en los valores democráticos de libertad, igualdad, fraternidad y todo lo que esto representa para seguir pensando los futuros.

Por otro lado, aprender a saber vivir y estar en minoría, no es aceptar la marginalidad y la perdida, es entender el mundo como un lugar de gentes libres, diversas y fraternas, con criterio, que han entendido que la democracia empieza por lo próximo, por lo cercano, por la comprensión del diferente; eso, para mí, es entender la política, y quizás donde esto se reconoce mejor es en las instituciones más cercanas, por eso siempre he creído en la necesidad de construir propuestas directamente elaboradas y controladas por los ciudadanos y ciudadanas que surgen de posiciones individuales que se construyen en común.

Ser minoría me ha permitido tener una aptitud activa en los procesos de participación ciudadana, pero he descubierto que dichos procesos no se pueden hacer desde el activismo y la demagogia, ni desde el tan usado que hay de lo mío, los procesos de participación en la gobernanza de la sociedad son fruto de la educación recibida. Cuan necesaria se hace una asignatura de valores cívicos única y obligatoria, una educación para la ciudadanía que nos ayude a tener curiosidad por la política, entendida como el gobierno y la organización de las sociedades.

Los que participamos de la ilusión por hacer política, por compartir nuestra opinión, por un proyecto entre iguales, siempre hemos creído que merece la pena que esa ilusión sea crítica y surja de una posición que entiende la necesidad de convencer y no de vencer, de aprender y no de imponer. Son normas básicas para participar y hacer política. Son normas básicas de los que vivimos y estamos siempre en minoría.

Quiero reseñar que política no la hacen solo los políticos, nada más lejos de la realidad, política la hacemos todos y todas, cada día en nuestro ámbito profesional y fuera de él en nuestra vida cotidiana; otra cosa es el activismo que impregna hoy los discursos de los profesionales de la política, el activismo, tal como yo lo entiendo, es cosa de fans, la política es cosa de ciudadanos y ciudadanas. El activismo somete la realidad a la doctrina, por eso frente al activismo imperante que impregna la política, la cultura y la sociedad en general y que solo busca de forma obsesiva el poder por el poder con el único objetivo de ejercerlo de forma aplastante, mayoritaria, reivindico una vez más la política, ese lugar donde el pensamiento y la acción se alimentan, el lugar donde se fabrican los futuros. Es la política una forma de acercar las experiencias que sencillamente quieren cambiar las cosas más cercanas, es el lugar donde juntar minorías es generar espacios de duda, de reflexión para poder articular futuros diferentes y mejores.

Sabemos por la historia que para que se produzcan cambios sustanciales en una sociedad hace falta dos cosas: condiciones objetivas que lo permitan y, sobre todo ilusión.

Muchas gentes están ilusionadas, constato que son las gentes que han aprendido a vivir en minoría las que mantienen la ilusión, porque la ilusión les hace conservar el anhelo en el futuro; esa es la verdadera batalla, mantener la idea de que un futuro mejor es posible. Tenemos que acabar con esa guerra soterrada contra el futuro que llevan a cabo los agoreros que viven creyéndose ser mayoría y que solo ven la inmediatez del presente. Aunque este en desuso debo volver a vindicar el progreso social y el concepto Ilustrado de la educación y la cultura. Por cierto, hoy la cultura es un placer minoritario que nos permite seguir alimentando los sueños a los que hemos aprendido a vivir sin querer y sin ser nunca mayoría. La cultura entendida como sabiduría esta en retroceso, es de minorías. La cultura se ha cambiado por el ocio, no genera futuro solo presente. Cambiemos el devenir cultural.

Hoy, en el país, se abren puertas a la esperanza no demos otra vez portazos sonoros, las condiciones objetivas se están dando tras años de desasosiego. Hay futuro aprendiendo a vivir y estar en minoría.

 

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