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PROGRAMAR TEATRO PARA NIÑOS Y NIÑAS POR ETICA Y ESTÉTICA NO COMO OFICIO

PROGRAMAR TEATRO PARA NIÑOS Y NIÑAS

Conferencia pronunciada en Ciudad Rodrigo en 2015.

Comenzare diciendo que no creo que exista el oficio de gestor cultural o programador cultural, nunca he creído en la necesidad de formarse de forma reglada en la gestión de la cultura, desde niño estoy formándome y puedo decir que sigo formándome cada día en la práctica de mi oficio, que no es otro que el de teatrero. Muy aficionado al teatro. De esta afición he hecho forma de vida que amo y respeto. Gestionar la forma de vida que he elegido libremente implica una responsabilidad ética. Es como el artista, en principio todos somos artistas, pero al final solo el que ejerce su oficio convirtiendo este en forma de vida, encuentra su ubicación en la industria cultural. El artista y el gestor del arte es a tiempo completo y aprende de todo lo que ve, oye, toca, siente, huele y lee. Aprender a leer todos los lenguajes artísticos esta es la verdadera formación.

Estos deben ser los motivos por los cuales estoy invitado hoy aquí.

Creo que la cultura es el reflejo del espíritu de un pueblo y esto, creo, es imposible de gestionar, su gestión supone su utilización como herramienta de adoctrinamiento (El dirigismo cultural). Permanezco fiel a principios morales societarios y los ejerzo en mi labor de programador. Lo que implica la defensa del libre albedrío y el respeto a todas las opiniones: la del artista programado, la del espectador asistente, la del crítico profesional que ejerce su oficio, la de los medios de comunicación que informan del acto y la del poder político que a veces subvenciona la actividad. Pero el respeto no implica pleitesía. Cada vez entiendo menos la labor de intermediario cultural, que aunque necesaria, no debe ser labor de diseño sino de campo, cuando uno vive su oficio como una elección libre lo ejerce con humildad y sin vanidades y osadías, actitudes que he visto mucho en los gestores culturales.

Debo decir que no he actuado jamás, ni quiero, que no he dirigido un espectáculo jamás, ni quiero, que no he realizado labores artísticas jamás; pero digo con orgullo que aunque me he dedicado siempre a la gestión y puesta en práctica de hechos artísticos en vivo, soy un artista. Como decía Joseph Beuys todo ser humano es un artista, quizás y siguiendo su discurso el arte ha muerto, pues, ¡Viva el arte!.

Una de mis misiones en este oficio es haber hecho siempre finanzas poéticas. Siempre he estado al margen de la administración cultural pública y desde la empresa privada he sobrevivido y creado un ámbito donde compartir teatro.

Soy artista del hambre y el desasosiego por eso creo en mi trabajo y lo ejerzo desde parámetros éticos. Programo y gestiono un Teatro para niños y niñas que recibe anualmente una media de 40.000 espectadores. Crecí en la idea que un mundo mejor es posible y que las artes son un arma educativa fundamental en este objetivo. La escuela era el objetivo y el teatro una estrategia. Pertenezco al movimiento de renovación pedagógica y siempre he respondido fielmente a mi tradición ácrata.

Estas son mis credenciales para estar hoy aquí.

Por eso a la hora de programar, en el Teatro Arbolé, no utilizamos los conceptos de calidad, innovación y excelencia, me parecen gratuitos y procuro no utilizarlos. Por supuesto que los términos innovación, nuevos lenguajes, contemporáneo, etc. no solo los detesto, sino que me parecen huecos, como las teorías de los que los defienden en las artes escénicas. Soy innovador, contemporáneo e hijo de un tiempo, eso que nadie lo dude y busco la excelencia y los nuevos lenguajes porque tuve la suerte de estar en una escuela donde me enseñaron siempre la inquietud por aprender. Diverjo con mucha gente pero soy dialogante y acepto al distinto, es lo que espero del resto.

El teatro es un arte viejo que responde a una ceremonia milenaria y que ha sido siempre reflejo de los tiempos. Soy hijo del presente y por lo tanto contemporáneo y trabajo con materia sensible (el público, seres humanos con ideología e inquietudes varias). En realidad en este oficio se responde a una actitud política. En el teatro la innovación es el lenguaje diario. Hacer teatro es todo esto, por eso no cabe en boca de quien gestiona y no hace teatro. Dejemos estos conceptos a los artistas y nosotros facilitemos su conocimiento entre los públicos.

Por otro lado he de decir que el teatro para niños, con esa denominación, es una actividad relativamente joven, aparece cuando convertimos a los niños en elementos existentes en la familia. Existentes o visibles, los convertimos en consumidores. El teatro siempre ha estado; el Teatro para niños es más una industria que una realidad artística. Aunque cuando es buen Teatro es arte. Los niños aparecen en el arte como consumidores: Literatura para niños, teatro para niños, ropa para niños, etc. Pero este despropósito podemos utilizarlo para mejorar el mundo.

Esta vez se me ha llamado para hablar de cómo programo un Teatro para niños y niñas. Fundamentalmente no programo, suelo COMPARTIR teatro con la familiar. Pero a la hora de elegir una propuesta artística aplico el siguiente código:

Por ética y estética. Las gentes del teatro, y más de los títeres, son gente viajera, amiga del vino y la conversación. En esas noche en lupanares oscuros hemos hecho oficio y hemos dictado norma deontológica para recibir y compartir teatro. Es un criterio imparcial pero solidario. Se consigue cierta complicidad. Los niños y niñas como público del presente reciben las creaciones fruto del pecado de los artistas. Este concepto implica respeto al creador y al artista tanto en sus necesidades como en sus posibilidades.

Por amor al arte, nuestro teatro esta abierto a la gente que comienza y a los grandes profesionales en gira. Viajes de ida y vuelta. Son gentes que aman el oficio y tienen actitud para el teatro. La exhibición es parte de lo que devolvemos al oficio, parte de lo que el oficio nos da. Vivimos de gestionar y decidir a veces el placer del espectador. Muchas veces ese amor al oficio obliga a mantener una programación.

Por finanzas poéticas, no siempre se llega a las pretensiones de los artistas, nosotros nos creemos más artesanos que artistas y jugamos con conceptos de clase. Somos y nos sentimos trabajadores de la cultura. Jugamos con economías precarias y buscamos la CORRESPONSABILIDAD con las los creadores y artistas.

Por irracionalidad. Las cosas más irracionales que nos proponen son programadas. A veces llamo irracionalidad a mi propio gusto. No tiene sentido económico arriesgar por propuestas de gente joven o por propuestas artísticas poco habituales, pero hay que hacerlo, sin ser un hecho racional es una necesidad. Las propuestas deben ir de la tradición a la vanguardia, completar el ciclo y guardar memoria de donde venimos.

Por afinidad de ideas. La vieja máxima ácrata implica solidaridad con los creadores y artistas que están en sintonía ideológica. Esto procuro que se produzca siempre. La afinidad de ideas crea sinergias con el público que también comparte tu manera de ser y pensar. Un espacio teatral forma y es referente.

Por racionalidad. Espectáculos que tienen que venir porque atraen a un gran número de espectadores. A veces el poema económico se salva utilizando propuestas que gozan del placer del público: los clásicos infantiles implican memoria y recuerda. La racionalidad no implica lo bien hecho, solamente es lo que pide la realidad, no el deseo.

En Cooperación. Buscando líneas de intercambio de espectáculos con otras salas que tienen compañías residentes. Intentando crear siempre red. La escritura del poema financiero, para mantener vivo un Teatro, pasa por ofrecer trabajo a cambio de trabajo. Esto que parece novedoso es tan viejo como el hombre. La cooperación como mecanismo de ida y vuelta.

Por necesidad. Hay ocasiones que existen compromisos ineludibles fruto de la excesiva dependencia económica que tenemos con la administración. Es parte del juego del poder: El político como programador coarta la libertad de programar pero se acepta por necesidad. Hay veces que uno se lleva sorpresas gratas y otras que acepta las imposiciones del político gobernante en ese momento.

Por ciclos. Es bueno y necesario establecer una serie de Ciclos anuales en la programación. Agrupar la exhibición por ciclos permite crear sistemas de abono para democratizar el precio de la entrada. Esta manera facilita la información y puede generar expectativas plausibles. A veces limita la diversidad. Dar a conocer todas las técnicas, todos los lenguajes, es necesario para formar al público más pequeño.

10º Por que sí. Esto es la norma habitual que veo en muchas programaciones. Esta decisión siempre esconde excusas como la calidad, la excelencia de la propuesta, la innovación, etc. Todo esto son argumentos banales. Hay cosas que se hacen por que si. Este planteamiento se ha instaurado en muchos teatros públicos. El porque si en principio ni es malo ni bueno. Es porque si. Todos respondemos a esta condición, lo que hay que hacer es asumirla y responsabilizarse de esta actitud.

Este decálogo es La realidad y el deseo nunca mejor dicho por Luis Cernuda. Todos tenemos un sueño, hacerlo posible es cuestión de perseverancia. De este decálogo surge una programación que cada año recibe a más de 50 compañías y más de 200 artistas. Un sueño hecho posible y que goza del beneplácito del público. De todas formas lo decía Julio Cortazar se hace lo que se puede se puede lo que se hace. En este vaivén entre realidad y deseo construimos cada año la programación.

Si a este código unimos la necesidad de estar en contacto con la escuela, con educadores y educandos, y colaborar con los que verdaderamente mueven los hilos del Teatro para niños y niñas, encontraremos el efecto pretendido en nuestras programaciones: la fidelidad del público. Sabemos de la necesidad de unir nuestra actividad con los diseños curriculares de las escuelas. Desarrollar las enseñanzas artísticas en la escuela, único lugar posible, creo yo, para estos menesteres. Pongámoslo en práctica.

Nosotros podemos contribuir con nuestro trabajo al proceso de aprendizaje, la educación es nuestra finalidad y la estrategia para hacer posible un mundo mejor. Nuestro Teatro tiene una vocación, fruto de una ética basada en la colaboración constante con el proceso de aprendizaje de los más pequeños.

Es entonces cuando aparece la unión Teatro y educadores, Teatro y educandos. Traducido, algo que muchos tratan de falsear y/o detestan: LAS CAMAPAÑAS ESCOLARES como elementos que articulan la presencia del público.

Los programas didácticos en torno al Teatro han cumplido una misión importantísima en los procesos de democratización y formación de una inquietud cultural, se quiera reconocer o no. Todo es criticable y de todo se puede hacer discurso negativo, pero el papel de democratización del acceso al Teatro que las Campañas Escolares han supuesto desde hace más de 20 años en España precisaría de un debate calmado. Dejémoslo para otro día. Pero no las critiquemos por criticar, pongámoslas en valor y hagámoslas visibles es mi recomendación.

Y termino como últimamente hago: pidiendo al buen gobierno, si alguna vez existe, una escuela pública, única, popular y laica. Insistiendo puede que llegue.

Algún día entenderemos que la educación y la cultura nos hará libres. Aunque también tengo que decir que la libertad crea desasosiego.

Salud y gracias.

 

Esteban Villarrocha Ardisa

Gerente del Teatro Arbolé de Zaragoza – España.

 

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