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INSTALADOS EN LA DESDICHA artículo publicado en Heraldo de Aragón

 INSTALADOS EN LA DESDICHA_Esteban Villarrocha_2La desdicha es una situación que genera sufrimiento y dolor, consecuencia del estado de tremenda desigualdad en el que vivimos y no remediamos, o fruto del aumento de la xenofobia y del odio al que no piensa igual, que parece estar normalizado. Estamos instalados en la desdicha y no reaccionamos al ver aflorar a nuestro alrededor el lado más oscuro del ser humano, esa violencia que se dirige contra quienes están cada vez más indefensos porque la sociedad no los reconoce como iguales.

Estos días, analizando la función del ser humano en la sociedad, añoraba una sociedad civilizada y reivindicaba que me la devolvieran. Hoy parece que el pensamiento se concibe como amenaza y no como enriquecimiento. Percibo asustado el avance del conservadurismo postmoderno que tiene como única intención desvirtuar la realidad movilizando lo identitario y tradicional para atacar y aniquilar al contrario. Conservadurismo que consiste en magnificar lo excesivo generando una fragmentación social que alienta el resentimiento y nos aleja de lo razonable. Conservadurismo posmoderno basado en lo individual frente a lo colectivo que genera desigualdad, intolerancia y sufrimiento. Conservadurismo que pretende el fin de la historia.

Este proceso que nos ha instalado en la desdicha, solo acabara cuando volvamos a actuar y reaparezca la esperanza dichosa, que como nos advertía Albert Camus la traerá el verdadero rebelde, el que se subleva contra la injusticia social, política y metafísica, el que nunca está al servicio de una bandera sino en favor del común; el rebelde que adquiere un compromiso ético y político, que reaparece cuando las formas de opresión más intolerables afloran de nuevo. Parecía que los movimientos ciudadanos de hace unos años iban en este sentido. El hombre rebelde volvía al ágora y gritaba basta, estaba indignado, la multitud hacía historia, los políticos no nos representaban, el pacto social necesitaba renovarse, la sociedad perdía el miedo. Se volvía a pensar en el común, dejábamos de ser víctimas pasivas del devenir político para ser protagonistas de la historia. Tiempos de actuar. ¿Y hoy?

Tras esa eclosión de las ideas del común, la situación no parece mejorar, se vuelve a imaginarios identitarios, fanáticos, excesivos. Guy Debord en su libro “La sociedad del espectáculoafirmaba que la verdadera catástrofe de la sociedad no son los acontecimientos por venir, sino “el tipo de relación que tenemos con el mundo”, la posición de espectador, lo que llamaba la subjetividad espectadora. El espectador como categoría abstracta y no concreta. El espectador es cualquiera que se relaciona con el mundo opinando sobre los temas mediáticos, sin pensar o actuar al respecto, hay demasiados espectadores, yo podría ser uno, la mayoría estamos en posición de espectador, pero también cualquiera puede dejar de ser mero observador. Esto es lo que necesitamos, aprender a salir de la posición de espectador y actuar. Dejar de ser opinadores que siempre tenemos algo que decir y poco que cambiar.

Volver a la dicha que produce pensar, conocer, razonar y actuar en consecuencia por el bien común.

 INSTALADOS EN LA DESDICHA_Esteban Villarrocha_1Recientemente fallecía mi admirado historiador Josep Fontana. Gracias a sus enseñanzas y a su labor divulgadora, una generación que vivió a finales de los setenta (los vivimos a destajo), aprendimos que investigar la historia era incorporar a la multitud en el relato, visibilizar a los anónimos y anónimas y descifrar el devenir de las ideas políticas. Este aprendizaje me permite afirmar que la irracionalidad ha hecho más daño a la humanidad que las ideas. Fuimos una generación que creímos que Auschwitz era un punto y aparte al que no se volvería nunca, pero instalado en la desdicha actual dudo del devenir al que este conservadurismo posmoderno, sin rostro humano, nos conduce.

Volvemos a ver la banalidad del mal como algo normalizado.

Recogiendo las enseñanzas del profesor Fontana, vuelvo a tener la necesidad de actuar, de recuperar un pensamiento humanista, que insista en las ideas inteligentes, los debates sensatos y las palabras enriquecedoras, para evitar caer en la normalización de la desdicha. Actuar para recuperar la dicha.

Siempre he creído que la adquisición de conocimientos y de experiencias me haría más dichoso. Instalado en la dicha he conseguido actuar y desarrollar espacios de tolerancia cultural donde el diferente enriquece, enseña; con la desdicha me instalo en el desasosiego y la inacción. Debemos explorar los límites de lo posible para que nuestra acción se encamine a crear la necesidad de que la gente piense, para poder actuar siendo conscientes de nuestro lugar en el mundo, intentando recuperar lo dichoso, esa satisfacción por gozar y disfrutar del mundo y de las utopías igualitarias.

Esteban Villarrocha 

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