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PURO TEATRO

El teatro existe porque hay gentes que quieren contar historias y otras gentes que quieren oírlas.
"PURO TEATRO" de Esteban Villarrocha (A la intemperie)

Esteban Villarrocha Ardisa, agitador cultural

El teatro sirve para convocar en asamblea al intérprete con el público, para reunir, en un lugar concreto, las ganas por contar y las ansias por aprender. El teatro sirve para ver y oír en boca de otros una versión adecuada o distorsionada del mundo. Decía Bernard-Marie Koltés que el teatro es en el único lugar donde antes de entrar te avisan de que todo lo que va a ocurrir en el escenario es mentira, y esta era, y es, una de las grandezas de nuestro oficio. Y no nos engañemos, porque siempre avisan. Aunque todos los espectáculos, merecedores de ser tratados como tales, pretenden llevar la verdad al escenario, todo lo que pasa en el teatro es mentira, y sus creadores son conscientes de que la representación es fruto de la ficción y la mentira.

A lo largo del tiempo, en este subir y bajar del escenario para contar historias, el mundo se ha trasformado, han cambiado los hábitos sociales. La cultura se ha banalizado, el ocio y el negocio conviven sin definición, pero el teatro sigue vivo en cada escenario que abre al público con la premisa inicial: reflexionar sobre las cosas que pasan en el mundo, utilizando la tragedia, el drama, la comedia y, hoy en día cada vez más, el esperpento. Con la voz, con el cuerpo, con la música, con la plástica, con la luz, intentamos reflexionar una y otra vez sobre las pasiones humanas, un acto que más allá de lo que entendemos por entretenimiento es un acto ideológico. El teatro, entendido como parte de la cultura de un pueblo, es discurso y memoria.

El teatro no se hace para crear espectadores, se debe hacer para crear expectativas, si no,  es mero pasatiempo, es banal. Cuando realmente creamos expectativas creamos voces críticas, voces ávidas por saber más, generamos discusiones para dilucidar los conflictos, herramientas para el crecimiento intelectual, aceptamos la diversidad. Nos hacemos preguntas.

En el teatro promovemos cultura y las más de las veces, afortunadamente, promovemos la cultura como derecho y no como recurso. El teatro existe porque hay gentes que quieren contar historias y otras gentes que quieren oírlas, basta con que haya uno que quiera contar y otro que quiera escuchar para hacer la ceremonia que es el teatro, para convertirlo en ágora constante. De la marginalidad del cuentacuentos callejero al glamour de la ópera, la reunión entre intérprete y público transforma, enriquece, mejora el mundo.

La cultura y el teatro, como una parte esencial del término, supone discutir entre civilizados, intentar construir un estado de ánimo favorable al conocimiento que permita dilucidar entre las verdades y las mentiras que nos rodean. El teatro debe seguir siendo esa herramienta que nos ayude a entender y descifrar ese vaivén constante entre la realidad y el deseo que todo ser humano culto ansía resolver en su vida.

Estos días se ha celebrado el Día Internacional del Teatro, con galas, manifiestos, reconocimientos y menciones; un sinfín de actividades en torno a una actividad que vive, hay que reconocerlo, momentos de alta precariedad económica, no artística. El glamour, donde muchos oficiantes de este arte milenario se refugian, esconde una tremenda realidad, como todo el sector privado de la cultura: una difícil situación económica, una enorme dependencia que pone en peligro su sostenibilidad, un exceso de banalización, una falta de audiencias, un deterioro de la definición intelectual que provoca el aumento de la vulgaridad, la atomización, etc.

Hoy se habla con cierta vehemencia de industrias creativas y se engloba al teatro en ese capítulo económico, al igual que a la literatura, a la danza, a la música, a las artes plásticas, etc. Se quiere hacer creer que son actividades generadoras de economía, que lo son, pero se olvida su importancia en la construcción de una sociedad más libre, más democrática y, por lo tanto, más igualitaria. Reitero: no solo son recurso, son derecho.

Daría el tema para más allá de una confrontación de ideas, pero hoy son momentos de elecciones y son tiempos para ver qué papel juega el teatro y la cultura en los programas electorales de los que pretenden gestionar su devenir. Decidimos el futuro. Un futuro que parte de la base de que la educación es el comienzo de la cultura y la cultura la continuación de la educación. ¡Veremos!

Pero, para terminar, agradezcamos su existencia. Seguramente, los que contribuimos a hacer teatro, ayudamos a construir un mundo mejor.

Y ahora… ¡Atención! ¡Atención! La función va a comenzar.


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