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“Caín de Saramago” de Teatro Arbolé

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Presentación en la Feria de Huesca 2019

Me veo obligado a presentar este acto acompañado por Saramago, por Dios y por Caín,  para tratar de seducir a la concurrencia, evocar el pasado y afrontar el futuro, si es posible, con su condescendencia.

Espero que mis palabras leídas -la enfermedad ordinaria de la vejez me obliga- sirvan para el fin para el que han sido concebidas, y si no Dios, Caín y Saramago impidan su desarrollo.

Recuerdo el 25 de abril de 1974, yo era un bachiller ávido e interesado por la marcha del mundo y al Instituto llegaban noticias del país vecino Portugal. Se notaba un ambiente de euforia, hablaban de un golpe militar incruento que estaba poniendo en jaque la dictadura militar. Militares contra militares y sin disparar un solo tiro, extraña paradoja.

Decían que el aparato represivo de la vecina Portugal se desvanecía. Perplejos y con ganas de saber qué pasaba en esas tierras a las que yo nunca había prestado atención, porque siempre miraba hacia el norte de los Pirineos, aquel día empecé a interesarme por Portugal.

Los tiempos eran otros y no existía la inmediatez actual. Alguien contaba, como si fuera un cuento, que las típicas floristas de Lisboa andaban poniendo sus claveles en las bocachas de los fusiles de los soldados que ocupaban la ciudad de Lisboa y llegaban a la plaza del Comercio. Entonces alguien contó que todo había comenzado con una canción de José Afonso, Zeca: Grândola, Vila Morena. Nadie conocía a Zeca y no existía la posibilidad de oír la música que había sonado anunciando la revolución y el fin de una dictadura. Eran otros tiempos, internet entonces la hubiera petado.

Del pesimismo de la caída de Allende en Chile un 11 de septiembre de 1973, pasé a la euforia del fin de la dictadura portuguesa de Salazar. ¡Sí se podía!

Tiempos en donde en los institutos españoles empezaba a oírse a los cantautores y lo que se denominaba canción protesta. La dictadura franquista estaba en su final y la euforia que generaban las noticias de Portugal nos llenaba de optimismo. Era una época donde nos hacíamos muchas preguntas y la respuesta solamente estaban en el viento.

Fue ese hecho el que levantó mi interés hacia el país ibérico: Portugal. Empecé a interesarme por el fado, por Fernando Pessoa, por Manoel Oliveira y por un escritor comunista llamado José Saramago. Descubrí que justo al lado de mi país, había otro país que existía más allá de los mapas del colegio, un país que había vivido una dictadura militar y tenía una historia similar a la nuestra. Me interesó conocer y descubrir lo que pasaba en Portugal, y en mí se generó un enorme optimismo.

Este fue mi primer contacto con el escritor José Saramago, que más tarde obtendría el premio Nobel y pasaría a ser uno de los grandes de la literatura del siglo XX. Yo siempre lo uniré a esa revolución de los claveles y al futuro esperanzador que nos abrió a muchos adolescentes en 1974.

Zeca

Tras este episodio, la reciente comenzada vida universitaria transcurrió en pleno proceso de la llamada transición política. La dictadura española había caído a finales de 1975 y no por la euforia del pueblo, como en Portugal. En España, el dictador había muerto en la cama. Tuve entonces la oportunidad de viajar a Portugal en 1977, fue mi primer viaje al extranjero, y al poco pude oír a Zeca en las primeras fiestas democráticas en mi ciudad, Zaragoza, en 1978.

Tras mi paso por la Universidad me dediqué a la enseñanza y al poco tropecé, porque lo mío fue un tropiezo, con el Teatro Arbolé y con Iñaqui Juárez. Con él y con Pablo Girón comenzamos una aventura que dura ya muchos años, y que de alguna manera cambió mi rumbo vital. Ese tropiezo nos iba a unir en el conocimiento y admiración por el escritor portugués José Saramago entre otras muchas cosas.

Esteban Villarrocha, Iñaqui Juárez y Pablo Girón

Eran los tiempos de reivindicar la afinidad de ideas, entre ellas estaban los títeres, el teatro y la enseñanza. Hemos pasado de la izquierda a la patronal sin contradicciones y durante estos años hemos construido una cosmogonía en torno al teatro que ha generado un equipo humano del que Caín de Saramago es ejemplo, es fruto de su adaptador y director Iñaqui Juárez, junto a un equipo artístico, técnico, de producción y comunicación que, las más de la veces, funciona engrasado.

Hace unos 10 años Iñaqui me dijo que quería hacer una adaptación de la novela Caín del escritor portugués para ampliar el repertorio de la compañía. Me dejó un modesto libro de bolsillo de tapas amarillas con el texto de la novela de Saramago. En aquel momento, el proyecto de la nueva Sala del Parque del Agua ocupaba todo nuestro tiempo. Además era una propuesta que se salía de nuestro formato y público habitual. Fuimos dejándolo pero no abandonandolo. En Arbolé jamás se abandonan los sueños porque sabemos que los proyectos queridos y sentidos siempre afloran.

Hace un año, cuando preparábamos nuestro cuarenta aniversario como compañía, se dieron las condiciones para afrontar este anhelado proyecto. Era ahora o nunca, nos dijimos. Con cuarenta años a la espalda nos habíamos hecho más sabios y más prudentes, (aunque hayamos adquirido el pesimismo de la inteligencia conservando el optimismo de la voluntad). Esta voluntad nos iba a permitir afrontar el proyecto del Caín.

El proyecto suponía repensar nuestra realidad y movilizar de nuevo todas nuestras energías sin objetivos concretos, era poner en valor lo aprendido y disfrutar haciendo teatro. Era volver a gozar de nuestro trabajo y sobre todo del oficio de titiriteros que hemos ayudado a construir. Ahí nace la voluntad por hacer este espectáculo que presentamos hoy aquí con un pequeño vídeo y unas improvisaciones de sus protagonistas. Lo presentamos aquí, de esta manera informal para que los asistentes: programadores de artes escénicas, se enamoren del proyecto y arriesguen programándolo en sus espacios. Esta presentación pretende ser un acto de seducción porque el amor solo vendrá tras la puesta en escena de la obra en vuestros teatros.

POR QUÉ AFRONTAR CAÍN DE SARAMAGO

Primero y fundamental por reivindicar el humanismo.

En nuestra propuesta (y en la de Saramago), presentamos a Caín como el primer humanista de la historia occidental. Necesitamos reinventar el humanismo, una nueva Ilustración que genere un nuevo pacto social.

Elegir Caín fue un reto. Creemos en la inmensa teatralidad del texto de Saramago que, al igual que Cervantes en la segunda parte de El Quijote, encadena una escena tras otra, donde no importa que la historia no tenga una continuidad temporal, que Caín viaje hacia delante y hacia atrás en el tiempo. La historia tiene coherencia por el devenir del protagonista y  la relación con su creador. Esto nos permitía jugar en tres planos: el del creador, el de Caín y su devenir por el mundo, y en la historia del Antiguo Testamento contada con los muñecos.

Arbolé es una compañía de títeres que lleva utilizando los muñecos como elemento dramático desde hace muchos años.

Es su herramienta y su leit motiv.

Títeres de Cachiporra de Teatro Arbolé Zaragoza

Es el lenguaje que utiliza desde sus comienzos. Los títeres en Caín de Saramago son la herramienta para contar historias antiguas, vividas y narradas por los muñecos. La exageración, la falta de límites, el juego simbólico… son elementos inherentes a ambos textos, que comparten su fondo y su forma, y cuyo sangriento contenido es minimizado por la acción de los peleles, simples objetos en la mano de un manipulador.

Pero Saramago, que se hace presente en la representación en forma de títere, se adentra en otras consideraciones. Caín es su Caín, un personaje marcado por Dios que se rebela contra él, alguien que no acepta a ese Dios ni su obra, ni sus acciones. Su voz está presente en la de los actores. Al contrario que los muñecos, su discurso es real y su opinión surge de la vida. Los muñecos no interpretan lo que pasa, son testigos de lo que sucede en la literalidad tan cruel y sangrienta de los textos antiguos. Al menos es esta la intención del adaptador y director de la obra Iñaqui Juárez. Esta y la de aportar una visión titiritera al teatro contemporáneo

"Caín de Saramago" de Teatro Arbolé

Teatro Arbolé cumple 40 años y, como decía antes, nos hemos hecho más sabios, hemos aprendido solamente a alabar y no criticar, y sabemos, como nuestro paisano Goya, que por muy viejos que seamos “aún aprendo”.

Esteban Villarrocha, Iñaqui Juárez y Pablo Girón

Pero el motivo de estas palabras es vender el producto, intentar que ustedes compren esta producción teatral que como dice el crítico de Heraldo de Aragón Joaquín Melguizo es un espectáculo donde hay humor, ironía, teatralidad y alto nivel de riesgo, asumido y bien resuelto.

Para terminar utilizaré las palabras de la academia sueca que, al otorga el nobel de literatura a Saramago, justificó su elección aludiendo a la capacidad del autor de volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía. Esta ha sido nuestra intención al poner en escena Caín de Saramago.

Y por último -que tendrán ustedes ya ganas -acabaré con las últimas palabras de la novela Caín del autor portugués: La historia ha acabado, no habrá más que contar.

Salud y les dejo con los protagonistas de nuestro espectáculo.

https://www.estebanvillarrocha.com/

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