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Responsabilidad cívica, protección y alerta

Dicen que la cultura sobrevive siempre a las tempestades, pero en esta ocasión el panorama es desalentador y preocupante. La situación de excepción y alarma sanitaria requiere de responsabilidad cívica, y esta es un acto individual que se convierte en acto colectivo y solidario con su seguimiento. Requiere un componente cultural.

El sector cultural, en estas circunstancia excepcionales, ha respondido aplicando todas las medidas que desde las autoridades políticas y sanitarias se han decretado, asumiendo responsablemente estas medidas como necesarias y excepcionales ante la situación de emergencia sanitaria, dando prioridad a la salud de los ciudadanos sobre los legítimos intereses económicos.

Han quedado paralizadas todas las actividades económicas del sector cultural. Esta situación ha generado una gran incertidumbre sobre el futuro de nuestros proyectos de vida y más al no tener futuro claro sobre la duración y el tiempo de suspensión de nuestra actividad.

Sabemos que sin las medidas adecuadas el nivel al que podemos llegar es de pánico. Y, aunque en estos momentos delicados tenemos que transmitir ánimo y confianza, la cultura está en una situación delicada. Hay que tomar decisiones rápidas, pero sabemos que las decisiones que se tomen tendrán consecuencias económicas y sociales en el sector de las artes en vivo que pueden ser devastadoras o esperanzadoras. Hay motivos para pensar, reflexionar y cambiar hábitos y rutinas culturales, quizá es el momento. Las artes en vivo no morirán nunca, de eso estoy seguro; ahora bien, siempre que las protejamos de la mejor manera. Somos cultura, no solamente ocio, en eso consiste nuestra fortaleza.

En estos momentos se están cancelando todos los espectáculos y giras previstos para estos meses. Los trabajadores del sector, tanto si trabajan por cuenta ajena como si lo hacen por cuenta propia, que a menudo se encuentran ya en una situación precaria, se enfrentan a una repentina y dramática pérdida de ingresos, de difícil recuperación más adelante. Muchas organizaciones del sector de las artes en vivo se pueden ver profundamente debilitadas o en peligro, debido a la eliminación del número de actuaciones, giras y eventos en vivo. Por eso, hay que intentar paliar la situación adoptando medidas rápidas y eficaces.

Aquí van algunas medidas que surgen de la reflexión tranquila y optimista porque, como decía al principio, la cultura sobrevive siempre a las tempestades.

Incluir a empresas y asociaciones culturales en los potenciales beneficiarios, junto a empresas de turismo, comercio y hostelería, de la aplicación del Real Decreto 7/2020 de 12 de marzo.

Acelerar la publicación de la Convocatoria de Ayudas de las administraciones públicas para 2020 para generar confianza en el sector.

Desde el punto de vista de la Seguridad Social, exención del pago de cuotas de la Seguridad Social y Autónomos a todo el sector cultural para el periodo de cierre obligatorio. Asimismo, a nivel fiscal solicitar un aplazamiento en el pago de impuestos de al menos tres meses.

Flexibilizar, en la medida de lo posible, las ayudas, dando prioridad al mantenimiento de las estructuras y compañías, aunque ello implique generar una menor actividad; por otro lado, sabemos que se va a tardar un tiempo en volver a ocupar los espacios de exhibición.

Promover en el contexto de la Comisión Intercultural con las CCAA que la actividad cancelada por fuerza mayor se considere recuperable y comporte devolución, y lo más pronto posible se recupere y no se supriman las actividades culturales.

Articular un mecanismo que permita un aval de carácter público automático a todas las ayudas concedidas en resolución provisional o línea de préstamos sin interés con aval público.

Seguiremos poniendo todo nuestro empeño en cumplir, por responsabilidad cívica, todas las medidas que se acuerden. La emergencia decretada debe parar la tempestad y mantener la cultura como el aspecto definitorio de lo que significa ser humano. Estos días estamos viendo como el sector de las artes en vivo sigue manteniendo el optimismo y la solidaridad asumiendo con responsabilidad cívica la situación.

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Acerca de Esteban Villarrocha

Soy fundamentalmente lector, pero me gusta definirme como agitador cultural; dirijo el Teatro Arbolé desde hace 25 años, tramito diariamente muchos unicornios y sigo pensando que un mundo mejor es posible. Mi pensamiento es fruto de las utopías igualitarias del siglo XX, pertenezco a la generación de la contra cultura y la cultura al margen del estado. Desarrollo mi actividad en el, creo, mal llamado sector económico de la cultura. Además de planificar la programación del teatro, dirijo la editorial de libros, la escuela de teatro y desarrollo la distribución de espectáculos por España. Antes fui profesor, mantengo una muy buena relación con la filosofía y conservo, como licenciado en Historia, el interés por guardar memoria.

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