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Vivimos en la sociedad del cansancio lo que algunos denominamos democracia “satisfecha”, el hombre rebelde que aprendió a decir no, del que escribía Albert Camus, ha dejado paso al inconformista perplejo pero integrado.

Afortunadamente algunos intelectuales todavía producen formas de expresión e ideas que ponen de actualidad preguntas fundamentales para la humanidad, preguntas que siguen buscando respuesta a los nuevos tiempos que vivimos; son estas formas de expresión las que generan, todavía hoy, cultura: Intelectuales y gentes dedicadas a la educación y al arte, artistas y artesanos que ejercen la actividad cultural. Estos quizás son los verdadero héroes de estos tiempos convulsos e inciertos por los que transitamos y que cada vez más pertenecen a lo marginal.

Pero como responder a la pregunta: ¿qué entendemos por cultura?. Estamos en esa dualidad contradictoria entre los apocalípticos y los integrados, no es fácil definir hoy lo que consideramos cultura, ni el papel que ésta desempeña en nuestras vidas. Aunque como dice Terry Eagleton la cultura es el aspecto definitorio de lo que significa ser humano.

Utilizamos las palabras cultura y/o arte indistintamente, creando una enorme confusión que enturbia el debate, pervierte el dialogo; y sobre todo, confunde la participación ciudadana con el interés particular.

Usamos los conceptos interesadamente, mezclando la cultura como derecho y la cultura como recurso, siendo capaces de hablar de cultura comunitaria como valor positivo, cuando sabemos que lo que no es comunitario no puede incluirse en la definición de cultura, tal como se entiende hoy, el uso que hacemos de definiciones equivocadamente de cultura, arte, artistas, artesanos, etc., de una manera frívola, no nos permite abrirnos a una nueva realidad histórica y social. La definición de cultura ha evolucionado a lo largo de los dos últimos siglos, pasando de un elevado refinamiento a prácticas más modestas, y de ser una especie de baluarte defensivo frente a la penetración masiva de la industrialización a convertirse hoy en uno de los bienes más rentables del capitalismo. Evidentemente faltan certezas.

Pero ¿qué es el arte y la cultura? y quién es capaz de designar una definición única a estos conceptos. No estoy seguro de que tengamos claro qué es arte pero sí se que algunos están preparados para hacer las preguntas que nos afectan en nuestro vivir diario y que estas se repiten a lo largo de la historia de la actividad cultural.

Por otro lado si examinamos el estado actual de la cultura y el arte, nos vemos obligados a censurar la banalización y la mercantilización de lo que deberíamos considerar un medio vital para enriquecer nuestra vida social, capaz incluso de proporcionar el impulso necesario para transformar nuestra sociedad civil, pero este debate requiere de cierto proceso de responsabilidad cívica que implica analizar los vínculos actuales entre cultura, sociedad, política y estética. Hacer un diagnostico.

¿Cuántos significados ha tenido la idea de cultura desde la Ilustración hasta el posmodernismo?, ¿es la cultura un antídoto contra la política o es su verdadera salsa?, ¿son compatibles la cultura como esfera de valores estéticos universales y las culturas como formas particulares de vida (lo universal y lo local)?, ¿qué será de la cultura en la era del neo liberalismo actual?.

Tolstoi en su libro ¿Qué es el arte? escribe: Es necesario, pues, en una sociedad civilizada en que se cultiva el arte, preguntarse si todo lo que pretende ser un arte lo es verdaderamente, y si (como se presupone en nuestra sociedad) todo la que es arte resulta bueno por serlo y digno de los sacrificios que entraña.

El problema es tan interesante para los artistas como para el público, pues se trata de saber si lo que aquellos hacen tiene la importancia que se cree, o si simplemente los prejuicios del medio en que viven, les hacen creer que su labor es meritoria. También debe averiguarse, si lo que toman a los otros hombres, así para las necesidades de su arte, como para las de su vida personal, se halla compensado por el valor de lo que producen.

Sensatas reflexiones y preguntas las del escritor ruso. ¿Qué es el arte? y ¿qué responsabilidad tiene la sociedad para con los que dicen ser artistas?. Son las formas de contestar estas preguntas  las que permiten una reflexión sobre la actividad cultural. Por eso empecinarse en mantener las políticas culturales actuales no es saludable. Las respuestas están y el debate es más amplio que una práctica concreta. Este debería ser el quehacer de los Consejos de Cultura.

La crisis económica y social generada por la irrupción del coronavirus en nuestras vidas, está sacando a la luz las debilidades del sector cultural como sector económico, su precariedad, sus dependencias, su representatividad, en una palabra, sus flaquezas. Asimismo, muestra las diferencias entre las instituciones públicas y privadas del sector a la hora de afrontar el estado de alarma y las diferentes necesidades para poder subsistir en estos momentos de incertidumbre total.

Por otro lado, detecto una enorme confusión conceptual sobre el papel de la cultura como derecho y como recurso, y la difícil cuestión de su representación como sector frente a la sociedad y las instituciones.

Todo el ocio social y cultural ha sido suspendido por razones de salud pública. Cualquiera entiende que la salud es prioridad en una sociedad del común, pero la cultura es una actividad que sana, no tengo dudas, y contribuye a la buena salud de la sociedad. El ocio puede ser cultura, pero, sin duda, sí es tejido económico y aliciente para otros sectores como el turismo.

Sé que es difícil plantear aquí lo que hay que hacer en estos momentos críticos, más allá del propósito compartido por todos de volver a cierta normalidad social. Acertar en lo que hay que hacer en estos momentos no es fácil. Sabemos, de entrada, que ni todo lo que proponemos como sector se podrá hacer, ni todo se puede hacer inmediatamente. ¡Habrá que priorizar! Esta es la tarea de más responsabilidad de la acción política ahora: saber y consultar las prioridades. Pero para poder priorizar, la Administración tiene que saber quién le acompaña en esas decisiones y para eso debe averiguar quién representa a quién y por qué. Aunque, insisto, lo importante es definir cómo seleccionar, ordenar y programar en el tiempo las acciones que hay que llevar a cabo para paliar esta situación y recuperar cierta certidumbre en el sector económico de la cultura.

Lo primero que se nos viene a la cabeza es reprogramar lo suprimido, mantener los presupuestos existentes y seguir adelante, en una situación a corto plazo. Podría ser útil, pero cuando la situación parece que se prolonga en el tiempo, tenemos la obligación de repensar las acciones que hay que tomar y se precisa reorientar las políticas culturales con unas perspectivas a largo plazo y con una reflexión profunda sobre la realidad del sector y la situación de excepcionalidad por la que pasamos, así como poner en valor la relación entre sector público y sector privado en la actividad cultural.

Lo primordial ahora es dotar de liquidez a las empresas privadas afectadas, fundamentada en el mantenimiento de las estructuras estables de trabajo. Pero esta trasmisión de liquidez no puede hacerse sin utilizar criterios empresariales sólidos, pactados, demostrables, contrastados y estables a futuro, de ahí la importancia de los datos del lucro cesante.

Sabemos que toda acción de esta naturaleza comporta riesgos, ya que los perjudicados, por no atenderlos, a menudo ni lo aceptan ni lo entienden, y no es momento de tratar de discutir la legitimidad y fundamento de todas las reivindicaciones, sólo hay que comprender que todas resultarán difíciles de resolver y muchas no van más allá del interés individual. Ahora es momento de hablar del común.

Hacen falta recursos y tiempo; hace falta establecer un marco de prioridades. Pero esta es la tarea de la gestión política y de la administración pública destinando recursos y marcando los tiempos para salir de la crisis en el sector cultural sin limitaciones y, si se retrasa en el tiempo, será mejor la espera que volver a una normalidad ficticia.

Resalto que una de las necesidades principales en estos momentos es la necesidad de disponer de economía para mantener los puestos de trabajo y hacer frente al sostenimiento de las empresas que son las que generan y mantienen los empleos fijos en un futuro. Por esta razón, las administraciones públicas deben ser muy prudentes con las acciones que tomen para no hacer mayor la crisis, que según las medidas que se adopten puede agudizarse. Por eso, los interlocutores deben poner encima de la mesa datos reales y demandas limpias de demagógicos cantos de sirena.

La Administración debe contribuir a recuperar la normalidad. En esa fase estamos y, depende de las medidas que se tomen, subsistiremos o moriremos como sector económico. El sector sigue a la espera de decisiones que generen certezas.

Dicen que la cultura sobrevive siempre a las tempestades, pero en esta ocasión el panorama es desalentador y preocupante. La situación de excepción y alarma sanitaria requiere de responsabilidad cívica, y esta es un acto individual que se convierte en acto colectivo y solidario con su seguimiento. Requiere un componente cultural.

El sector cultural, en estas circunstancia excepcionales, ha respondido aplicando todas las medidas que desde las autoridades políticas y sanitarias se han decretado, asumiendo responsablemente estas medidas como necesarias y excepcionales ante la situación de emergencia sanitaria, dando prioridad a la salud de los ciudadanos sobre los legítimos intereses económicos.

Han quedado paralizadas todas las actividades económicas del sector cultural. Esta situación ha generado una gran incertidumbre sobre el futuro de nuestros proyectos de vida y más al no tener futuro claro sobre la duración y el tiempo de suspensión de nuestra actividad.

Sabemos que sin las medidas adecuadas el nivel al que podemos llegar es de pánico. Y, aunque en estos momentos delicados tenemos que transmitir ánimo y confianza, la cultura está en una situación delicada. Hay que tomar decisiones rápidas, pero sabemos que las decisiones que se tomen tendrán consecuencias económicas y sociales en el sector de las artes en vivo que pueden ser devastadoras o esperanzadoras. Hay motivos para pensar, reflexionar y cambiar hábitos y rutinas culturales, quizá es el momento. Las artes en vivo no morirán nunca, de eso estoy seguro; ahora bien, siempre que las protejamos de la mejor manera. Somos cultura, no solamente ocio, en eso consiste nuestra fortaleza.

En estos momentos se están cancelando todos los espectáculos y giras previstos para estos meses. Los trabajadores del sector, tanto si trabajan por cuenta ajena como si lo hacen por cuenta propia, que a menudo se encuentran ya en una situación precaria, se enfrentan a una repentina y dramática pérdida de ingresos, de difícil recuperación más adelante. Muchas organizaciones del sector de las artes en vivo se pueden ver profundamente debilitadas o en peligro, debido a la eliminación del número de actuaciones, giras y eventos en vivo. Por eso, hay que intentar paliar la situación adoptando medidas rápidas y eficaces.

Aquí van algunas medidas que surgen de la reflexión tranquila y optimista porque, como decía al principio, la cultura sobrevive siempre a las tempestades.

Incluir a empresas y asociaciones culturales en los potenciales beneficiarios, junto a empresas de turismo, comercio y hostelería, de la aplicación del Real Decreto 7/2020 de 12 de marzo.

Acelerar la publicación de la Convocatoria de Ayudas de las administraciones públicas para 2020 para generar confianza en el sector.

Desde el punto de vista de la Seguridad Social, exención del pago de cuotas de la Seguridad Social y Autónomos a todo el sector cultural para el periodo de cierre obligatorio. Asimismo, a nivel fiscal solicitar un aplazamiento en el pago de impuestos de al menos tres meses.

Flexibilizar, en la medida de lo posible, las ayudas, dando prioridad al mantenimiento de las estructuras y compañías, aunque ello implique generar una menor actividad; por otro lado, sabemos que se va a tardar un tiempo en volver a ocupar los espacios de exhibición.

Promover en el contexto de la Comisión Intercultural con las CCAA que la actividad cancelada por fuerza mayor se considere recuperable y comporte devolución, y lo más pronto posible se recupere y no se supriman las actividades culturales.

Articular un mecanismo que permita un aval de carácter público automático a todas las ayudas concedidas en resolución provisional o línea de préstamos sin interés con aval público.

Seguiremos poniendo todo nuestro empeño en cumplir, por responsabilidad cívica, todas las medidas que se acuerden. La emergencia decretada debe parar la tempestad y mantener la cultura como el aspecto definitorio de lo que significa ser humano. Estos días estamos viendo como el sector de las artes en vivo sigue manteniendo el optimismo y la solidaridad asumiendo con responsabilidad cívica la situación.

Los acontecimientos siguen el devenir anodino que marca la inercia de la costumbre y la crispación provocada por los sin ideas. El mundo se desvanece y la realidad sigue el mito de la caverna de Platón. Permanecemos encadenados dentro de la cueva, desde qué nacemos, y solo reconocemos las sombras que vemos reflejadas en la pared que componen una realidad reflejada, imperfecta, líquida.

Las Sinsombrero es el nombre por el que son conocidas un grupo de mujeres pensadoras y artistas españolas pertenecientes a la generación del 27

Vivimos la verdad reflejada en la pared de la caverna, que desdibuja los acontecimientos importantes que afectan al pacto social. Nos olvidamos con facilidad del cambio climático y la emergencia ecológica, del aumento de la desigualdad, de los cambios inevitables de la revolución tecnológica en nuestros hábitos culturales y, en nuestro modelo productivo, postergamos el debate sobre la intocable propiedad privada. Arrinconamos la emergencia social imparable para una parte de la sociedad. que ya vive al margen, y no alertamos sobre la vulgar situación política con líderes más motivados por la testosterona que por la tolerancia y la diversidad. Vivimos una combinación de ignorancia, incongruencia e impotencia.

Nada parece remover las conciencias rebeldes. Todo permanece en su aspecto líquido, como diría Zygmunt Bauman. En el actual momento de la historia, las realidades sólidas de nuestros abuelos se han desvanecido, han dado paso a un mundo más precario, provisional, ansioso de novedades y, con frecuencia, agotador.

La sociedad civil y el pacto social, que permite y regula la convivencia entre humanos, permanece adormecido por debates insulsos, llenos de lugares comunes, de palabras huecas. Las gentes han dejado de reflexionar, de pensar, de buscar el bien común. El ruido en la comunicación es intenso y ya nadie oye, la información se llena de falsedades, dogmas y discursos fanáticos e insolidarios.

En palabras del propio Aristóteles, "así como el hombre, puesto en su perfecta naturaleza, es el mejor de todos los animales, así también, apartado de la ley y de la justicia, es el peor de todos; porque no hay cosa tan terrible como un hombre injusto con armas y poder".

Pertenezco a la generación que creyó y vivió la necesidad de poner en valor la educación como única posibilidad de tomar el ascensor social y permitir una mayor igualdad. Defendí el acceso generalizado a la educación mediante la extensión de las escuela gratuita y obligatoria. Soy de la misma generación que entendió la presión fiscal como la plasmación numérica de la cantidad de dinero que los ciudadanos están dispuestos a entregar al Estado para sufragar el orden social. Entendí la sociedad del bienestar como sociedad que buscaba la igualdad y el compromiso. Favorecí la construcción de una administración pública que repartiera a cada uno según sus necesidades y solicitara a cada uno según sus posibilidades. Siempre pensé que las leyes que los seres humanos se dictan para convivir, no son dogmas de fe, que deben y pueden cambiarse con el devenir de la historia y el avance de las ideas y las costumbres.

Al igual que las leyes las hacen los humanos, también las cambian los humanos. Nunca escondí que mi formación y mi pensamiento surgen de la influencia de las utopías igualitarias que se sustentan en la libertad, la igualdad y la fraternidad. Pero actualmente contemplo el mundo y todo se desvanece. Tras vivir toda la transición de la dictadura franquista a la actualidad democrática, me encuentro otra vez en el punto de partida. Recientemente decía un amigo, “¡basta de decir basta!”. Qué razón tenía. Una vez más, tendremos que hablar y oír al distinto, porque el diálogo y las palabras son la parte esencial de la política, la que hace posible la diversidad y la diferencia, y son las palabras las que nos acercan al entendimiento.

En este trascurrir cultural, político e histórico que he vivido, reconozco que las palabras han sido objeto de sueños, de mitos, de pasiones favorables u hostiles. Las palabras han servido siempre para generar ideas y estas ideas deben ser utilizadas para renovar las sociedades en sus formas, costumbres y en sus políticas. Las palabras hechas ideas, si se oyen con tolerancia y sin distorsionar su significado, cobran valor. Por eso, reitero, basta de decir basta, hay que actuar utilizando las palabras, dialogando, haciendo un ejercicio de responsabilidad cívica, ética y democrática que nos permita renovar el pacto social y rechazar los fanatismos obtusos que convierten la ruindad en exaltación e intolerancia. Lo digo, una vez más, ¡basta de decir basta! Actuemos superando el pesimismo de la realidad y pasando al optimismo de la acción.

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Presentación en la Feria de Huesca 2019

Me veo obligado a presentar este acto acompañado por Saramago, por Dios y por Caín,  para tratar de seducir a la concurrencia, evocar el pasado y afrontar el futuro, si es posible, con su condescendencia.

Espero que mis palabras leídas -la enfermedad ordinaria de la vejez me obliga- sirvan para el fin para el que han sido concebidas, y si no Dios, Caín y Saramago impidan su desarrollo.

...continúa leyendo "“Caín de Saramago” de Teatro Arbolé"

Homenaje a Tony Judt

Our Town,by Thornton Wilder, directed by Nicholas Martin

No soy el único desconcertado en estos días de intenso calor veraniego y creo que ha llegado el momento de plantarse y refrescar, aunque solo sea el pensamiento, los argumentos que me ayudan a decir NO a la perplejidad de la situación política actual. Y qué mejor manera de refrescarse que con la lectura de libro “Pensar el siglo XX” (2010), de mi admirador historiador Tony Judt. Son mis argumentos refrescantes frente al desconcierto general.

...continúa leyendo "RESPONSABILIDAD CÍVICA"
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