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RETOS DEL SECTOR CULTURAL 

Esteban Villarrocha Ardisa, gestor cultural

Reflexionar sobre los desafíos a los que se enfrenta el sector cultural hoy, cuando la guerra estalla en Europa, me llena de dolor y rabia. Parece una contradicción que demuestra lo débil del pensamiento frente a los tanques, pero no por eso dejaremos de pensar y nunca dejaremos de preguntarnos los porqués de las cosas. El sector de la cultura, pase lo que pase, siempre gritará no a las guerras.

Los que trabajamos por y para el sector de la cultura llevamos tiempo con la sensación de vernos abocados constantemente a tomar decisiones que condicionan nuestro propio destino y, de paso, el de algunas personas más. La pandemia nos ha obligado a tomar decisiones trascendentes que pueden hipotecar o clarificar el futuro. La cultura, mejor dicho el sector cultural, ha funcionado siempre así en constante cambio e inestabilidad.

El sector cultural es, por definición, dinámico y está expuesto a cambios y adaptaciones continuas, ante las cuales el trabajador cultural ha de adaptarse y anticiparse.

Pero, ¿cómo afrontar una nueva realidad tras la pandemia? La nueva realidad que se avecina supone una transformación de nuestro sector. Hay que ser conscientes de que la pandemia ha dinamitado los modelos de consumo cultural que conocíamos y hay que afrontar una nueva nueva manera de crear contenidos culturales y sus nuevos soportes, que implican necesariamente cambios trascendentes en las maneras de exhibir, producir, comunicar y difundir.

Para poder afrontar los cambios en nuestra dinámica profesional tenemos que identificar los desafíos a los que nos enfrentamos.

Esto desafíos, que enumero a continuación, son los que pueden, a mi juicio, ser los más relevantes, y para ello sigo las ideas y contenidos del admirado gestor cultural David Márquez.

Desafío medioambiental. Este desafío no afecta exclusivamente al sector cultural, sino al conjunto de la sociedad y de los sectores económicos. Por eso, el sector de la cultura ha de comprometerse sumando soluciones, tanto culturales, artísticas o de gestión, en la generación de un entorno de prosperidad más sostenible. Lo medioambiental también concierne a la cultura.

Desafío ético y de notoriedad. El sector de la cultura, pese a su amplitud y diversidad, no representa al conjunto de la sociedad. Algunos sectores de la sociedad están desvinculados por completo, ya no solo como públicos o consumidores culturales sino simplemente como ciudadanos, de las problemáticas y realidades del sector cultural. Por ello, que el sector ofrezca respuestas éticas a problemas propios o ajenos, puede ayudar a restituir parte de la notoriedad perdida y poder así reconectar con capas más amplias de la sociedad.  

Temas como la igualdad, la inclusión social, la diversidad, la transparencia y su correlativa rendición de cuentas, etc., introducidos adecuadamente en la gestión y en la creación, son resortes de cambio y transformación a tener que hay que tener muy en cuenta para ampliar la base social y prestigio sobre la que las actividades culturales asientan su legitimidad.

Desafío económico. El mundo que heredamos tras la pandemia es un mundo económicamente nuevo, y de manera particular, para el hemisferio occidental. Se está produciendo una realineación de la riqueza, no solo lateral, entre sectores productivos y geográficos, sino vertical, provocando mayores desigualdades.

Por tanto, actuar como si estos cambios no existieran, sería un error de bulto totalmente evitable. Es cierto que esta escala macroeconómica se escapa mucho de nuestra esfera de responsabilidad, pero la desigualdad genera un acceso muy diferente a la cultura. 

Desafío frente a la innovación. Es paradójico que el sector cultural, cuya principal materia prima es la creatividad artística, dé muestras de ser tan resistente a los cambios y a la innovación. 

Y aunque quizá este sea un reto que afecta de manera desigual a diferentes contextos, es cierto que es un reto que incide directamente en el corazón del sector. Los éxitos culturales dependen mucho de la capacidad de actuar, de asumir riesgos en innovación de ideas, productos, modelos y lenguajes. Aunque este esfuerzo es colectivo e interpela por igual a instituciones públicas, promotores, artistas y gestores, la predisposición al mismo es individual. Quizá ya sea el momento de menos resistencia y de más riesgo e innovación.

Desafío estético o generacional. Rejuvenecer el sector cultural. Nada volverá a ser como era antes de la pandemia, y mucho menos como deseamos. Estos cambios nos obligan a nuevas estéticas y a un ejercicio de rejuvenecimiento, que supone prestar atención a las generaciones siguientes, las que nos van a sustituir.

Todos estos desafíos no son los únicos, sin duda, hay muchos más que se nos puedan escapar en estas reflexiones para el futuro. Estos desafíos, que destaco como relevantes, son los que afectan de un modo estructural a la esfera cultural. No son desafíos nuevos y serán los que nos planteemos en los próximos meses o años. Las respuestas a estos desafíos serán los factores de cambio que incidirán en los planteamientos que adoptemos a la hora de enfrentarnos al futuro.

Lo que a partir de ahora seamos capaces de construir dependerá de lo que reflexionemos sobre estos desafíos. Las respuestas profundas que demos a los retos planteados tendrán que ser de carácter cultural y social. En este sentido, el mundo de la cultura tiene mucho que aportar.

La existencia del sector cultural en el futuro dependerá de la respuesta que demos a estos desafíos, y digo el sector, porque la cultura siempre estará. No digo que la “cultura” deje de existir en el futuro, y no lo aseguro, porque nunca ha existido una sociedad sin cultura.

Pero sí creo que el sector cultural, como sector social, político y económico, tiene una breve historia de apenas un par de siglos. Y si este ha existido es porque ha demostrado su acomodo, su sentido, y su utilidad.

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Acerca de Esteban Villarrocha

Soy fundamentalmente lector, pero me gusta definirme como agitador cultural; dirijo el Teatro Arbolé desde hace 25 años, tramito diariamente muchos unicornios y sigo pensando que un mundo mejor es posible. Mi pensamiento es fruto de las utopías igualitarias del siglo XX, pertenezco a la generación de la contra cultura y la cultura al margen del estado. Desarrollo mi actividad en el, creo, mal llamado sector económico de la cultura. Además de planificar la programación del teatro, dirijo la editorial de libros, la escuela de teatro y desarrollo la distribución de espectáculos por España. Antes fui profesor, mantengo una muy buena relación con la filosofía y conservo, como licenciado en Historia, el interés por guardar memoria.

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