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LO PAGAREMOS MUY CARO

LO PAGAREMOS MUY CARO

Sin que nos haya dado tiempo a meditar sobre los detonantes y consecuencias de lo que vivimos hoy, pandemia, crisis económica, guerras, observo que no tenemos ni espacio ni tiempo para comprender la complejidad de los hechos que van acaeciendo a nuestro alrededor y que acaban dirigiendo nuestras vidas sin darnos cuenta, por eso escribo esta reflexión sobre la cultura y el conocimiento. De seguir así, creo que ¿Lo pagaremos caro?, pregunto con rotundidad y convicción.

Somos seres complejos que nos reunimos para dudar y hacemos de ese encuentro una celebración, reunirse en comunidad es celebrar un acto político sin ninguna duda, porque reunirse para dialogar es crear espacio público, espacios donde La cultura y el conocimiento sean las verdades que faciliten la reunión y sean la conexión entre todos los seres humanos, por esto y por mucho más, compartir el conocimiento y la cultura es el acto más político que pueda existir. Por eso me atrevo a decir como dejó dicho el sabio Heráclito:

Si no esperas lo inesperado no lo encontrarás nunca, con el tiempo siempre encontramos lo inesperado, mejorando el conocimiento y desarrollando nuestros hábitos culturales llega siempre lo inesperado que siempre es lo más esperado, lo soñado, lo deseado, lo utópico, lo fabricado en común, lo compartido .

Frente a un presente, tras el que corremos apresurados, sin llegar a metas con sentido, cuando vemos que  el presente nos hace más vulnerables y débiles, cuando el presente que vivimos es un tiempo dominado por la incertidumbre, se atisba en el futuro, lentamente, un presente donde lamentablemente la cultura y el conocimiento que debería reconciliar los desajustes entre el ser humano y el mundo y modular el horizonte de lo futuro, no estan presentes, la sociedad del desconocimiento.

La cultura siempre nos invita a enunciar anhelos utópicos inesperados, la cultura y el conocimiento nos sirven para entender el presente y, en consecuencia, para cambiarlo y mejorar el futuro. La cultura y el conocimiento es el terreno donde nos lo jugamos todo.

Observando y hablando estos últimos días con las gentes que me rodean y cuidan en mi rehabilitación, me surgen muchas preguntas. Me preocupa que en la era de la racionalidad triunfante, de la ciencia institucionalizada, de los avances tecnológicos y los sistemas inteligentes aparece una constelación extraña: lo normal, lo valorado es despegarse del conocimiento y la cultura.

En medio de un proceso de digitalización imparable, que nos convierten en datos manejables por algoritmos dispuesto a facilitar la sobreinformación y el consumo, seguimos navegando la nave con el viento en contra y con la pérdida de confianza en todo lo que conocemos, hoy vemos como la sociedad no nos ofrece más que zozobras y futuros inciertos.

Vivimos unos momentos de tanta mediocridad que no nos queda más que pensar que todo esto que vivimos nos ha conducido a un desprestigio para con el conocimiento y la cultura que pagaremos muy caro.

Estamos fabricando, sin ser conscientes de ello, gracias a la digitalización una sociedad del desconocimiento, el saber no es algo que nos permita aprovechar el ascensor social y equilibrar la desigualdad, tenemos no somos, y debería ser al revés somos no tenemos, cada vez más nos sentimos afectados por la precariedad más vale cultivar y conocer sino queremos pagarlo caro a corto plazo.

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Acerca de Esteban Villarrocha

Soy fundamentalmente lector, pero me gusta definirme como agitador cultural; dirijo el Teatro Arbolé desde hace 25 años, tramito diariamente muchos unicornios y sigo pensando que un mundo mejor es posible. Mi pensamiento es fruto de las utopías igualitarias del siglo XX, pertenezco a la generación de la contra cultura y la cultura al margen del estado. Desarrollo mi actividad en el, creo, mal llamado sector económico de la cultura. Además de planificar la programación del teatro, dirijo la editorial de libros, la escuela de teatro y desarrollo la distribución de espectáculos por España. Antes fui profesor, mantengo una muy buena relación con la filosofía y conservo, como licenciado en Historia, el interés por guardar memoria.

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