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Dicen que la cultura sobrevive siempre a las tempestades, pero en esta ocasión el panorama es desalentador y preocupante. La situación de excepción y alarma sanitaria requiere de responsabilidad cívica, y esta es un acto individual que se convierte en acto colectivo y solidario con su seguimiento. Requiere un componente cultural.

El sector cultural, en estas circunstancia excepcionales, ha respondido aplicando todas las medidas que desde las autoridades políticas y sanitarias se han decretado, asumiendo responsablemente estas medidas como necesarias y excepcionales ante la situación de emergencia sanitaria, dando prioridad a la salud de los ciudadanos sobre los legítimos intereses económicos.

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Los acontecimientos siguen el devenir anodino que marca la inercia de la costumbre y la crispación provocada por los sin ideas. El mundo se desvanece y la realidad sigue el mito de la caverna de Platón. Permanecemos encadenados dentro de la cueva, desde qué nacemos, y solo reconocemos las sombras que vemos reflejadas en la pared que componen una realidad reflejada, imperfecta, líquida.

Las Sinsombrero es el nombre por el que son conocidas un grupo de mujeres pensadoras y artistas españolas pertenecientes a la generación del 27

Vivimos la verdad reflejada en la pared de la caverna, que desdibuja los acontecimientos importantes que afectan al pacto social. Nos olvidamos con facilidad del cambio climático y la emergencia ecológica, del aumento de la desigualdad, de los cambios inevitables de la revolución tecnológica en nuestros hábitos culturales y, en nuestro modelo productivo, postergamos el debate sobre la intocable propiedad privada. Arrinconamos la emergencia social imparable para una parte de la sociedad. que ya vive al margen, y no alertamos sobre la vulgar situación política con líderes más motivados por la testosterona que por la tolerancia y la diversidad. Vivimos una combinación de ignorancia, incongruencia e impotencia.

Nada parece remover las conciencias rebeldes. Todo permanece en su aspecto líquido, como diría Zygmunt Bauman. En el actual momento de la historia, las realidades sólidas de nuestros abuelos se han desvanecido, han dado paso a un mundo más precario, provisional, ansioso de novedades y, con frecuencia, agotador.

La sociedad civil y el pacto social, que permite y regula la convivencia entre humanos, permanece adormecido por debates insulsos, llenos de lugares comunes, de palabras huecas. Las gentes han dejado de reflexionar, de pensar, de buscar el bien común. El ruido en la comunicación es intenso y ya nadie oye, la información se llena de falsedades, dogmas y discursos fanáticos e insolidarios.

En palabras del propio Aristóteles, "así como el hombre, puesto en su perfecta naturaleza, es el mejor de todos los animales, así también, apartado de la ley y de la justicia, es el peor de todos; porque no hay cosa tan terrible como un hombre injusto con armas y poder".

Pertenezco a la generación que creyó y vivió la necesidad de poner en valor la educación como única posibilidad de tomar el ascensor social y permitir una mayor igualdad. Defendí el acceso generalizado a la educación mediante la extensión de las escuela gratuita y obligatoria. Soy de la misma generación que entendió la presión fiscal como la plasmación numérica de la cantidad de dinero que los ciudadanos están dispuestos a entregar al Estado para sufragar el orden social. Entendí la sociedad del bienestar como sociedad que buscaba la igualdad y el compromiso. Favorecí la construcción de una administración pública que repartiera a cada uno según sus necesidades y solicitara a cada uno según sus posibilidades. Siempre pensé que las leyes que los seres humanos se dictan para convivir, no son dogmas de fe, que deben y pueden cambiarse con el devenir de la historia y el avance de las ideas y las costumbres.

Al igual que las leyes las hacen los humanos, también las cambian los humanos. Nunca escondí que mi formación y mi pensamiento surgen de la influencia de las utopías igualitarias que se sustentan en la libertad, la igualdad y la fraternidad. Pero actualmente contemplo el mundo y todo se desvanece. Tras vivir toda la transición de la dictadura franquista a la actualidad democrática, me encuentro otra vez en el punto de partida. Recientemente decía un amigo, “¡basta de decir basta!”. Qué razón tenía. Una vez más, tendremos que hablar y oír al distinto, porque el diálogo y las palabras son la parte esencial de la política, la que hace posible la diversidad y la diferencia, y son las palabras las que nos acercan al entendimiento.

En este trascurrir cultural, político e histórico que he vivido, reconozco que las palabras han sido objeto de sueños, de mitos, de pasiones favorables u hostiles. Las palabras han servido siempre para generar ideas y estas ideas deben ser utilizadas para renovar las sociedades en sus formas, costumbres y en sus políticas. Las palabras hechas ideas, si se oyen con tolerancia y sin distorsionar su significado, cobran valor. Por eso, reitero, basta de decir basta, hay que actuar utilizando las palabras, dialogando, haciendo un ejercicio de responsabilidad cívica, ética y democrática que nos permita renovar el pacto social y rechazar los fanatismos obtusos que convierten la ruindad en exaltación e intolerancia. Lo digo, una vez más, ¡basta de decir basta! Actuemos superando el pesimismo de la realidad y pasando al optimismo de la acción.

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Presentación en la Feria de Huesca 2019

Me veo obligado a presentar este acto acompañado por Saramago, por Dios y por Caín,  para tratar de seducir a la concurrencia, evocar el pasado y afrontar el futuro, si es posible, con su condescendencia.

Espero que mis palabras leídas -la enfermedad ordinaria de la vejez me obliga- sirvan para el fin para el que han sido concebidas, y si no Dios, Caín y Saramago impidan su desarrollo.

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Homenaje a Tony Judt

Our Town,by Thornton Wilder, directed by Nicholas Martin

No soy el único desconcertado en estos días de intenso calor veraniego y creo que ha llegado el momento de plantarse y refrescar, aunque solo sea el pensamiento, los argumentos que me ayudan a decir NO a la perplejidad de la situación política actual. Y qué mejor manera de refrescarse que con la lectura de libro “Pensar el siglo XX” (2010), de mi admirador historiador Tony Judt. Son mis argumentos refrescantes frente al desconcierto general.

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Teatro, ocio, cultura y audiencias/ausencias en el S.XXI

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Conferencia de Esteban Villarrocha en las "JORNADAS TE VEO POR DENTRO 2019" en la Casa de los Títeres de Abizanda (Huesca).

Como decía mi respetado y admirado Emilio Lledó el ser humano es memoria y lenguaje. "Recuerdo y palabra". Por eso hoy, en este hermoso lugar del Pirineos aragonés, en la Casas de los Títeres de Abiznada (Huesca) he decidido leer mis reflexiones, hacerse presente en el escenario con la palabra leída, antes escrita, primero pensada. Porque pensar es esa capacidad humana que nos permite ser críticos y definirnos como sapiens.

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El teatro existe porque hay gentes que quieren contar historias y otras gentes que quieren oírlas.
"PURO TEATRO" de Esteban Villarrocha (A la intemperie)

El teatro sirve para convocar en asamblea al intérprete con el público, para reunir, en un lugar concreto, las ganas por contar y las ansias por aprender. El teatro sirve para ver y oír en boca de otros una versión adecuada o distorsionada del mundo.

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